top of page
  • Facebook
  • Instagram
Buscar

Alexandra David-Néel: se disfrazó de mendiga para cruzar el Tíbet prohibido

Actualizado: 4 jun


En un mundo hecho para hombres con uniforme y bigote, hubo una mujer que se puso un manto raído, se pintó la cara de polvo y cruzó el Himalaya a pie.


Alexandra David-Néel. Antropóloga, cantante de ópera, periodista, anarquista, budista, exploradora. Una mujer que no obedecía ni al marido, ni al Estado, ni a los mapas. Cruzó el Tíbet cuando estaba prohibido. Entró a Lhasa disfrazada, desafiando a todos: a los británicos, a los tibetanos, al patriarcado y a la historia.


Nació en Francia en 1868, con una madre católica hasta la médula y un padre republicano y librepensador que le pasó libros de Julio Verne y le llenó la cabeza de preguntas. No quiso ser ni monja ni esposa ni doncella de novela. A los 21 ya estudiaba sánscrito y tibetano, y a escondidas se reunía con feministas, masonas y teósofos. Amiga de anarquistas, enemiga del aburrimiento. Elisée Reclus, el geógrafo que hablaba de libertad mientras dibujaba fronteras, fue su mentor.


La mandaron a estudiar canto. Terminó cantando ópera en Indochina, porque había que ganarse la vida. Allí, en Hanoi, vio que la belleza no la llenaba. Volvió. Se casó con Philippe Néel por impulso, y a los pocos años lo dejó por decisión. Él se quedó en casa. Ella se fue a la India. Su matrimonio fue tan libre como su alma: siguieron escribiéndose cartas hasta la muerte, pero sin ataduras. Como quien respeta lo vivido, pero sigue andando.


En 1911, con 43 años, con un cuerpo que ya había conocido el amor, el desengaño y la fiebre tropical, viajó al Himalaya. Tuvo audiencia con el Dalai Lama. Fue la primera occidental que se sentó frente a él.


"Aprendé tibetano", le dijo. Y lo hizo.


Se fue a una cueva a 3.900 metros, con un lama adolescente llamado Aphur Yongden, que se convirtió en su compañero, su hijo adoptivo y su hermano de alma.


Con Yongden cruzó selvas, ríos, desfiladeros, pasos de montaña.


Se adentraron en el Tíbet sin permiso. Los británicos los expulsaron. Ella, lejos de rendirse, se disfrazó de mendiga tibetana: ropas andrajosas, polvo en el rostro, silencio en los labios.


Caminó más de 2.000 kilómetros a pie.


No cruzaba fronteras. Las reventaba.


Comía arroz hervido, dormía sobre piedras. Llevaba una pistola, una bolsa con monedas para sobornos, una brújula y una voluntad que podía partir montes. En las noches de viento helado, cuando la tela del abrigo era una burla y el estómago vacío crujía como bambú seco, se repetía en voz baja: “No vine a vivir cómoda. Vine a entender el alma del mundo.”


En 1924, con 56 años, llegó a Lhasa. A la ciudad prohibida. Al Potala, ese templo que ni las mujeres tibetanas podían pisar. Entró. Nadie supo. Hasta que la descubrieron por un detalle trágico: se lavaba todos los días en el río. La higiene la traicionó. Tuvo que huir con Yongden antes de que la atraparan. Pero ya había logrado lo imposible.


No era solo geografía lo que había cruzado. Era el límite que otros le habían trazado desde niña: “Vos no podés”. Y lo había roto con los pies, con la terquedad, con el hambre.


Volvió a Europa. Nadie sabía quién era. Y de golpe, todos querían escucharla.


Publicó libros, dio conferencias. Se volvió un mito viviente. No vendía exóticos postales: explicaba el budismo, traducía textos, construía puentes entre mundos que se ignoraban. Era sabia. Y encima mujer. A muchos no les gustaba.


Mientras los académicos tomaban té en salones parisinos, ella escribía a la luz de una vela en un monasterio a 4.000 metros de altura.


En uno de sus libros escribió: “La verdadera revolución es la que te cambia por dentro.” No era folclore: era filosofía viva. Su “Viaje de una parisina a Lhasa” fue traducido a decenas de idiomas y aún hoy inspira a viajeras, monjes, rebeldes y soñadores.


No quería impresionar a Occidente con lo exótico. Quería cuestionarlo todo: la religión de Estado, el dogma académico, el colonialismo que disfrazaba saqueo de civilización. Para ella, el budismo no era una moda, era resistencia silenciosa. Disciplina sin violencia. Poder sin conquista.


Vivía con lo justo. Seguía meditando. A veces discutía con Yongden porque él quería dormir más y ella insistía en madrugar. “La iluminación no espera”, decía ella. Él refunfuñaba, pero la seguía igual. Así era el amor en esos caminos: silencioso, terco y sin promesas.


Viajó por China, Mongolia, India. A los 100 años renovó el pasaporte con la intención de volver al Tíbet. No llegó. Pero su cuerpo ya había cruzado todo lo que una vida podía cruzar.

En 1969, murió con los ojos abiertos al horizonte. En 1973, su asistente llevó sus cenizas a Benarés, y las arrojó al Ganges. Las cenizas flotaron unos segundos antes de fundirse con el río. Y ahí, entre el barro sagrado del Ganges, quedó parte del alma de una mujer que nunca pidió permiso.


¡Qué otro final podría tener esa mujer que había hecho de su vida un camino y del camino, un templo!


Cuando hoy una mujer viaja sola, se disfraza para sobrevivir, escala una montaña o aprende la lengua del otro sin imponer la suya, hay una voz que la precede. Una sombra que la empuja. Su vida no fue solo una aventura. Fue una respuesta. A cada mandato que dice “callá”, “esperá”, “acompañá”, Alexandra le contestó con una mochila, una brújula y una mirada firme.


La sombra valiente, terca y luminosa de Alexandra David-Néel.


Y cuando una mujer se atreve a cruzar su propio límite —aunque sea solo abrir la puerta y decir “no”— ahí está ella. No con banderas. Con polvo en la cara y el alma libre.


Puedes profundizar leyendo el libro: Mujeres que No Pidieron Permiso y Cambiaron la Historia: Un recorrido por las vidas de las rebeldes, pioneras y visionarias que transformaron el mundo. (Spanish Edition) Edición Kindle https://www.amazon.com/-/es/dp/B0FBSTJNDY/ref=sr_1_1


Bibliografía

  • Viaje de una parisina a Lhasa, Alexandra David-Néel, 1927, Editorial Ediciones del Oriente y del Mediterráneo (ed. moderna: 2003), Madrid.

  • Mi iniciación en el Tíbet, Alexandra David-Néel, 1949, Editorial Luciérnaga, Barcelona.

  • Alexandra David-Néel: exploradora del alma y del Tíbet, Ruth Middleton, 1989, Editorial Edhasa, Buenos Aires.

  • Alexandra David-Néel: la mujer que viajó al Tíbet prohibido, Cristina Morató, 2005, Editorial Plaza & Janés, Barcelona.

  • Magia y misterio en el Tíbet, Alexandra David-Néel, 1929, Editorial Sirio (ed. moderna: 2001), Málaga.

  • Bajo la mirada de los dioses: crónicas del Asia prohibida, Anne Bancroft, 2000, Editorial Kairós, Barcelona.

  • Mujeres que No Pidieron Permiso y Cambiaron la Historia, Roberto Arnaiz, 2022, Amazon Kindle Edition.

ree

 
 
 

Comentarios


¿Queres ser el primero en enterarte de los nuevos lanzamientos y promociones?

Serás el primero en enterarte de los lanzamientos

© 2025 Creado por Ignacio Arnaiz

bottom of page