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La odisea americana: Juan Bautista Túpac Amaru y el sueño inca de Manuel Belgrano

7 ago
6 min de lectura

Hoy el mundo vuelve a hablar de La Odisea, el antiguo relato atribuido a Homero sobre un hombre que atraviesa guerras, mares y adversidades mientras intenta regresar a su hogar. América también tuvo una travesía semejante. Comenzó cerca del Cuzco, continuó en las cárceles del Callao, cruzó el Atlántico, se prolongó durante décadas en España y concluyó en Buenos Aires.


Su protagonista fue Juan Bautista Condorcanqui Monjarrás, conocido como Juan Bautista Túpac Amaru. Medio hermano de José Gabriel Condorcanqui —Túpac Amaru II—, sobrevivió a la represión desatada después de la gran rebelión andina de 1780.


Su vida enlaza al Perú con la Argentina, la resistencia de los pueblos originarios con la emancipación sudamericana y el levantamiento de Túpac Amaru II con el proyecto político que Manuel Belgrano presentó en el Congreso de Tucumán.


La rebelión que sacudió los Andes


Juan Bautista nació en Tungasuca, cerca del Cuzco, alrededor de 1747. Pertenecía a la familia Condorcanqui y se dedicaba a la agricultura y al transporte de mercancías.


En noviembre de 1780, José Gabriel Condorcanqui adoptó el nombre de Túpac Amaru II y encabezó un levantamiento contra el orden colonial. El movimiento denunció los abusos de los corregidores, el reparto forzoso de mercancías, las cargas tributarias y las durísimas condiciones de trabajo impuestas a las comunidades andinas.


La insurrección alcanzó una dimensión extraordinaria y amenazó el dominio español en buena parte del virreinato. Junto con Túpac Amaru II sobresalió Micaela Bastidas, organizadora política y militar cuya conducción fue decisiva para sostener el movimiento.


Tras la derrota, las autoridades coloniales respondieron con una represión brutal. Túpac Amaru II, Micaela Bastidas, sus hijos y otros dirigentes fueron ejecutados públicamente en el Cuzco en 1781. La Corona buscó destruir al movimiento, eliminar el linaje de sus conductores y borrar los símbolos capaces de inspirar nuevas rebeliones.


Juan Bautista fue uno de los pocos integrantes de la familia que consiguió sobrevivir.


Del Cuzco a las prisiones españolas


Detenido por las autoridades, permaneció encarcelado en el Cuzco y luego fue trasladado al Callao. Desde allí lo enviaron a España junto con otros prisioneros relacionados con la sublevación.


Comenzó entonces una travesía que se extendería durante cerca de cuarenta años. Después de cruzar el Atlántico, pasó por diferentes lugares de reclusión y permaneció largo tiempo en Ceuta, posesión española situada en el norte de África.


Mientras las revoluciones modificaban el mapa político americano, Juan Bautista continuaba lejos de su tierra. Sobrevivió a sus familiares, a numerosos compañeros de prisión y al propio sistema colonial que había intentado borrar su apellido.


Su resistencia no consistió en dirigir ejércitos ni en conquistar territorios. Su victoria fue mantenerse con vida, conservar su identidad y sostener el recuerdo de los suyos después de décadas de encierro y destierro.


Recuperó finalmente la libertad y llegó a Buenos Aires en 1822, ya anciano. La ciudad que lo recibió pertenecía a una América distinta de la que había dejado: las antiguas colonias luchaban por consolidar sus nuevos Estados.


El testimonio de un sobreviviente


En Buenos Aires recibió ayuda del gobierno y redactó una relación de sus padecimientos. El texto apareció alrededor de 1823 con el título El dilatado cautiverio bajo el gobierno español. Ediciones posteriores lo publicaron como Memorias del hermano de Túpac Amaru escritas en Buenos Aires y Cuarenta años de cautiverio.


La obra supera el carácter autobiográfico. Sus páginas muestran que el castigo impuesto después de la rebelión no terminó con las ejecuciones del Cuzco. La persecución continuó mediante encarcelamientos, traslados forzosos, separación de las familias y destierros prolongados.


Al escribir, Juan Bautista convirtió su experiencia en un documento contra el olvido. La palabra preservó aquello que las autoridades habían intentado suprimir.


En 1825 envió una carta a Simón Bolívar en la que expresó su admiración por el Libertador y su deseo de regresar a la tierra de los incas. Ese anhelo nunca se cumplió.

Falleció en Buenos Aires el 2 de septiembre de 1827. Fue sepultado en el Cementerio de la Recoleta, aunque no se conoce con certeza la ubicación de su tumba.


Belgrano y la monarquía incaica


La trayectoria de Juan Bautista se relaciona simbólicamente con una de las propuestas más originales de la emancipación sudamericana.


El 6 de julio de 1816, durante las sesiones del Congreso de Tucumán, Manuel Belgrano propuso que las Provincias Unidas adoptaran una monarquía constitucional o “atemperada”, encabezada por un descendiente de los incas y con capital en el Cuzco.


El Plan Inca no fue una extravagancia. Respondía al escenario internacional surgido después de la derrota de Napoleón. Las monarquías europeas habían recuperado su poder y miraban con hostilidad a las revoluciones americanas. Una corona constitucional podía facilitar el reconocimiento exterior del nuevo Estado.


La propuesta también perseguía un objetivo continental: incorporar a las poblaciones originarias del Perú, el Alto Perú y otras regiones andinas al proceso emancipador. Al mismo tiempo, buscaba fundamentar el nuevo orden político en una tradición anterior a la conquista.


Belgrano pensaba más allá del territorio rioplatense. Imaginaba una organización sudamericana cuyo centro político estuviera en el Cuzco, antigua capital del Tahuantinsuyo.


José de San Martín respaldó la iniciativa y la calificó como el “admirable plan del Inca”. Martín Miguel de Güemes y varios diputados de las provincias también la apoyaron. Sin embargo, la propuesta encontró una fuerte oposición entre sectores porteños y terminó abandonada.


Detrás del rechazo existían diferencias sobre la forma de gobierno y la sede de la capital. También afloraron prejuicios raciales y sociales: para parte de la élite resultaba inadmisible aceptar a un monarca de origen andino y trasladar el centro del poder político al Cuzco.


¿Juan Bautista era el candidato?


Este punto exige separar los documentos de las interpretaciones historiográficas.


Belgrano propuso coronar a un descendiente legítimo de los incas, pero las actas conocidas del Congreso no mencionan expresamente a Juan Bautista Túpac Amaru.


Además, en 1816 este permanecía en Europa y solo arribó a Buenos Aires seis años después.


El historiador argentino Eduardo Astesano sostuvo que Juan Bautista era el candidato pensado para ocupar el trono. Desarrolló esta hipótesis en Juan Bautista de América. El rey inca de Manuel Belgrano, obra publicada originalmente en 1979.


La interpretación resulta atractiva porque Juan Bautista pertenecía al linaje de los Condorcanqui, había sobrevivido a la persecución española y simbolizaba la continuidad de la rebelión andina. Sin embargo, hasta el presente no existe una prueba concluyente de que Belgrano lo hubiera elegido personalmente.


Lejos de restar valor al vínculo, la falta de confirmación abre una reflexión más profunda. Mientras Belgrano proponía en Tucumán recuperar la legitimidad política de los incas, un miembro sobreviviente de la familia de Túpac Amaru permanecía desterrado en Ceuta. Ambos representaban aspectos de una misma causa americana, aunque sus caminos todavía no se habían cruzado.


Una emancipación continental


La trayectoria de Juan Bautista permite revisar los límites de las narraciones nacionales. La rebelión de Túpac Amaru II suele presentarse como un episodio exclusivamente peruano; el Congreso de Tucumán queda circunscrito al pasado argentino y las campañas de San Martín y Bolívar aparecen como procesos sucesivos. En realidad, todos formaron parte de una transformación de alcance continental.


La lucha por la emancipación no comenzó repentinamente en 1810 ni perteneció únicamente a las élites criollas. El levantamiento de 1780 debilitó el orden colonial, reveló la capacidad política de las comunidades andinas y mantuvo viva la aspiración de una América gobernada desde sus propias raíces.


Belgrano comprendió que la revolución necesitaba una legitimidad americana. Su proyecto no se limitaba a sustituir funcionarios españoles por dirigentes locales: intentaba incorporar a los pueblos que habían resistido la conquista y convertir al Cuzco en el centro de una nueva organización política.


Juan Bautista encarnó el costo humano de aquella resistencia. No participó en las campañas rioplatenses ni ocupó el trono imaginado en Tucumán. Su principal legado fue sobrevivir y dejar testimonio.


La odisea que une al Perú y la Argentina


Juan Bautista Túpac Amaru murió sin volver al Perú. Sus restos descansan en algún lugar de la Recoleta y su recorrido permanece unido al Cuzco, el Callao, Cádiz, Ceuta y Buenos Aires.


Pertenece al pasado peruano porque nació en los Andes y formó parte del linaje perseguido después de la rebelión. También ocupa un lugar en la historia argentina, donde encontró refugio, publicó sus memorias y quedó asociado al debate sobre la monarquía incaica.


Por encima de las fronteras actuales, su figura forma parte del patrimonio común de América del Sur.


Su viaje no concluyó con el regreso triunfal del héroe homérico. Fue la travesía de un hombre obligado a vivir lejos de su hogar. Aun así, obtuvo una victoria que sus perseguidores quisieron impedir: conservó su voz.


Recuperar su figura permite reconstruir un puente entre el Perú y la Argentina. También recuerda que la emancipación se alimentó de movimientos, proyectos y sacrificios que atravesaron todo el continente.


Antes de que San Martín desembarcara en el Perú, los Andes ya habían desafiado al poder colonial. Antes de que Belgrano formulara su Plan Inca, el nombre de Túpac Amaru representaba la resistencia. Mientras se discutía una nueva forma de gobierno en Tucumán, Juan Bautista soportaba en Ceuta las consecuencias de llevar ese apellido.


Esa fue nuestra odisea americana: la de un hombre que perdió a su familia, su tierra y gran parte de su vida, pero preservó el testimonio necesario para que su voz pudiera regresar algún día al Perú.

 

Fuentes principales

Juan Bautista Túpac Amaru, El dilatado cautiverio bajo el gobierno español, incluido en la edición de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

Eduardo Astesano, Juan Bautista de América. El rey inca de Manuel Belgrano, Biblioteca Nacional Mariano Moreno, 2023.



 
 
 

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