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Operación Rosario: Las Malvinas son argentinas


 

—¡Vamos, carajo! ¡A la carga!


El grito rompe la oscuridad de la madrugada del 2 de abril de 1982. El viento helado de Malvinas corta la piel, el mar golpea con furia los cascos de las embarcaciones, pero nadie titubea. Ahí están, con el corazón latiendo como un tambor de guerra, los comandos anfibios de la Armada, la Compañía de Asalto del BIM 2, la Compañía C del Regimiento de Infantería 25 y una sección de tropas especiales. No hay vuelta atrás. No hay dudas. Solo hay orden y voluntad de hierro.


La Operación Rosario no es una batalla de trincheras ni una embestida brutal. Es una acción quirúrgica, un golpe certero para recuperar lo que es nuestro. Se busca tomar Puerto Argentino con la menor resistencia posible. Pero la guerra no entiende de cálculos perfectos. Y ahí, en el fuego cruzado, en la niebla de la pólvora y los disparos, el capitán Pedro Giachino se convierte en leyenda.


—¡Rendite, gobernador! ¡No queremos más sangre!


La voz firme de Giachino resuena entre los disparos. Con un grupo de sus hombres, avanza hacia la casa del gobernador Rex Hunt. La intención es clara: lograr la rendición británica sin bajas innecesarias. Pero los Royal Marines resisten. Desde las ventanas y las sombras, abren fuego con precisión. La oscuridad se llena de ráfagas.


—¡Cuidado, Capitán!


Un disparo seco. Un impacto brutal. Giachino cae. Su cuerpo golpea el suelo con el peso de la historia. El cabo primero Ernesto Urbina, su enfermero, se lanza a asistirlo en medio del fuego cruzado.


—¡Aguante, mi Capitán! ¡No se nos vaya!

Urbina aprieta la herida, pero la sangre no se detiene. Giachino lo mira con la determinación de un hombre que ya sabe su destino. Su voz sale entrecortada, pero firme.


—Sigan… adelante…


Mientras Urbina intenta sostener la vida de su capitán, los argentinos siguen avanzando. Los Royal Marines ceden, la casa del gobernador está rodeada. Hunt no tiene otra opción: se rinde.


El sol comienza a levantar la neblina. En el mástil de Puerto Argentino, la bandera argentina vuelve a flamear después de 149 años. La Operación Rosario ha sido un éxito. Pero el Capitán Giachino muere minutos después, convertido en el primer caído de la guerra. Su sacrificio queda grabado en la memoria de sus hombres y de la patria.


Desde Buenos Aires, el anuncio corre como un relámpago: “¡Hemos recuperado las Islas Malvinas!”. La Plaza de Mayo estalla en júbilo, la esperanza se enciende en cada rincón del país. Pero la historia no perdona ilusiones ingenuas. La guerra apenas comenzaba.


Vendrían días de frío y hambre, de valentía y sacrificio, de combate cuerpo a cuerpo y batallas aéreas. Vendría la tormenta. Pero en aquella madrugada del 2 de abril, los comandos argentinos demostraron que la patria no es solo un concepto: es algo que se defiende con el cuerpo y el alma.


Y en el viento de Malvinas, aún hoy, resuena el eco de aquel grito:


—¡Vamos, carajo! ¡Viva la Patria!



 
 
 

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