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¿CUÁNTO DURA UN EJÉRCITO SIN MUNICIÓN?

hace 5 minutos
7 min de lectura

 

La guerra que se decide mucho antes del primer disparo

 

Los desfiles muestran sistemas de armas. Las fotografías exhiben aviones, blindados, buques, misiles y soldados equipados. Son la expresión más visible del poder militar de un Estado.


Pero ninguna fotografía permite saber cuánto tiempo puede sostenerse ese poder.


Esa es una de las grandes enseñanzas que dejaron los conflictos recientes y que la guerra en Ucrania volvió imposible ignorar: una Fuerza Armada no es solamente aquello que puede desplegar el primer día de una guerra. También es aquello que puede sostener después de semanas o meses de operaciones.


Los aviones necesitan combustible, municiones, repuestos y mantenimiento. Los blindados consumen proyectiles, componentes y horas de vida útil. La artillería exige enormes volúmenes de munición. Los drones se pierden. Los vehículos se averían. Los tubos de los cañones se desgastan. Y detrás de cada combatiente existe una extensa cadena de abastecimiento.


Por eso, antes de preguntarnos cuántos sistemas de armas posee un país, deberíamos formular una pregunta mucho más incómoda:

¿Cuánto tiempo puede sostenerlos en combate?

 

UCRANIA Y EL REGRESO DE UNA VIEJA VERDAD


Durante décadas, buena parte del pensamiento militar occidental privilegió escenarios relativamente breves, caracterizados por la superioridad tecnológica, la precisión de los sistemas de armas y el dominio de la información.


Ucrania recordó una verdad mucho más antigua: las guerras también son competencias de resistencia.


Los niveles de consumo de munición registrados desde 2022 volvieron a colocar en primer plano una cuestión que parecía relegada frente al predominio de la tecnología: incluso grandes reservas pueden agotarse con rapidez cuando la intensidad del combate se mantiene durante meses.


La precisión continúa siendo fundamental. Pero la cantidad también importa.


Un sistema extremadamente sofisticado puede destruir un blanco con enorme eficacia. Sin embargo, si sus municiones no pueden reponerse al ritmo en que son utilizadas, su capacidad de combate disminuye progresivamente.


La pregunta ya no es únicamente cuántos sistemas posee un país.


Es cuánto puede disparar, cuánto puede reponer y durante cuánto tiempo puede hacerlo.

 

EL DEPÓSITO TAMBIÉN COMBATE


Existe una tendencia natural a identificar el poder militar con aquello que se encuentra en primera línea.

Es un error.


Detrás de una batería de artillería existe una cadena que comienza mucho antes de que el proyectil llegue al cañón. Fue necesario producir explosivos, propelentes, vainas, espoletas y otros componentes; ensamblarlos, verificarlos, almacenarlos y transportarlos.


Luego hay que trasladar esa munición desde instalaciones situadas en profundidad hasta los depósitos adelantados y, finalmente, hasta la pieza que efectuará el disparo.


Cada eslabón importa.

Porque un sistema de armas puede continuar existiendo físicamente y, sin embargo, haber perdido su utilidad operacional si desaparecen las municiones, los repuestos, el combustible o la capacidad para mantenerlo.


Un cañón sin munición es una pieza de acero. Un avión sin mantenimiento terminará permaneciendo en tierra. Una Fuerza Armada sin logística pierde progresivamente su capacidad de combatir.

 

LA INDUSTRIA TAMBIÉN FORMA PARTE DE LA DEFENSA


La experiencia reciente explica por qué las principales potencias y alianzas militares han vuelto a colocar la capacidad industrial en el centro de sus preocupaciones.


Incrementar los presupuestos de defensa no resuelve por sí mismo el problema si la industria carece de capacidad para entregar aquello que las Fuerzas Armadas necesitan, especialmente cuando numerosos países demandan simultáneamente los mismos productos.


Aquí aparece una transformación conceptual importante.

Durante la paz, una fábrica puede analizarse principalmente en términos económicos: costos, productividad, inversiones y rentabilidad.


En una guerra prolongada, determinadas capacidades industriales adquieren valor estratégico.


Porque llega un momento en que la guerra deja de enfrentar únicamente soldados contra soldados y sistemas de armas contra sistemas de armas.


También enfrenta capacidades industriales, cadenas logísticas y posibilidades de reposición.

 

COMPRAR NO ES SOSTENER


Un país puede adquirir en el exterior un moderno sistema de armas y mejorar inmediatamente determinadas capacidades.


Pero existe una diferencia fundamental entre comprar una capacidad militar y poder sostenerla en el tiempo.


¿Qué ocurre si una crisis interrumpe las rutas de abastecimiento?

¿Qué sucede si el proveedor necesita atender primero sus propias necesidades militares?

¿Y si determinados componentes dejan de llegar?


¿Qué ocurre si las municiones se consumen más rápidamente de lo previsto o si numerosos países intentan adquirir simultáneamente los mismos proyectiles, misiles o repuestos?


La dependencia logística que puede resultar aceptable durante la paz puede transformarse en una vulnerabilidad durante una crisis.


Esto no significa que cada Estado deba producir absolutamente todo. Para la mayoría de los países sería económica y tecnológicamente inviable.


El desafío consiste en determinar qué capacidades resultan estratégicas y cuáles no deberían depender enteramente del abastecimiento exterior.

 

ARGENTINA Y LA RECUPERACIÓN DE CAPACIDADES


En este contexto adquieren especial importancia algunos avances registrados recientemente en nuestro país.


En junio de 2026, Fabricaciones Militares informó la realización exitosa de pruebas de validación de munición nacional de 105 mm TP (HESH) destinada a los TAM y TAM 2C.


El proyecto involucró instalaciones de Río Tercero, Fray Luis Beltrán y Villa María y requirió recuperar procesos industriales y conocimientos vinculados con la fabricación de esta munición.


Dos meses después, Fabricaciones Militares y el Ejército completaron ensayos destinados a extender la vida útil de munición de 35 mm para los sistemas antiaéreos Oerlikon.

La importancia de estas iniciativas excede al proyectil considerado individualmente.


Lo que se recupera es capacidad industrial y conocimiento técnico.

Y una capacidad industrial perdida puede ser mucho más difícil de reconstruir que una instalación física. Los conocimientos desaparecen con las personas, las máquinas envejecen y los proveedores dejan de producir determinados componentes.


Por eso, la autonomía logística constituye también una dimensión del poder militar.

 

TENER FÁBRICAS TAMPOCO ALCANZA


Existe, sin embargo, otro aspecto del problema.

Poseer instalaciones industriales no significa automáticamente disponer de una capacidad suficiente para responder ante una emergencia.


Una industria de defensa necesita personal especializado, maquinaria, materias primas, proveedores, inversiones y continuidad en la demanda. También requiere conocer su capacidad para incrementar la producción cuando las circunstancias lo exijan.


Una línea industrial que permanece detenida durante años difícilmente pueda multiplicar su producción de un día para otro.


Por eso, la capacidad industrial militar no debería medirse únicamente preguntando:

¿Podemos fabricar esto?


La pregunta decisiva es:

¿Cuánto podemos fabricar, en cuánto tiempo y durante cuánto tiempo?

 

LAS RESERVAS SON TIEMPO


Existe además una segunda dimensión: las reservas.

Los stocks militares deben relacionarse con escenarios posibles de duración e intensidad de las operaciones y, especialmente, con la capacidad de reposición disponible.


La lógica puede resumirse en una ecuación conceptual:

reservas disponibles + capacidad de producción + abastecimiento externo = capacidad de sostenimiento.


Si el consumo supera de manera prolongada la capacidad de reposición, el tiempo comienza a trabajar contra la fuerza.


Por eso las municiones almacenadas representan mucho más que material inmovilizado en depósitos.


Representan tiempo de combate acumulado.


Cada proyectil disponible es una capacidad futura. Cada repuesto puede evitar que un sistema quede fuera de servicio. Cada reserva de combustible representa kilómetros de desplazamiento, horas de vuelo o días de navegación.

 

LA LOGÍSTICA COMIENZA ANTES DE LA GUERRA


La logística no comienza cuando aparece el enemigo.

Comienza años antes.


Empieza cuando se determina qué reservas estratégicas necesita el país; cuando se decide qué municiones conviene producir nacionalmente; cuando se mantienen arsenales y talleres; cuando se capacitan técnicos y especialistas; cuando se conservan depósitos y se planifican rutas, ferrocarriles, puertos y aeródromos.


También cuando se desarrolla una industria capaz de incrementar su producción frente a una emergencia.


La guerra puede comenzar en una frontera.


Pero su capacidad para sostenerla comienza mucho antes, en los depósitos, talleres, fábricas, puertos y centros logísticos de una Nación.

 

ARGENTINA: CUANDO LA GEOGRAFÍA SE CONVIERTE EN LOGÍSTICA


En nuestro caso existe además una circunstancia imposible de ignorar: la dimensión territorial y marítima.


La Argentina posee enormes distancias entre sus principales centros urbanos, industriales y militares y algunas de las áreas de mayor importancia estratégica.


La Patagonia, Tierra del Fuego, el Atlántico Sur y la proyección antártica obligan a pensar la defensa no solamente en términos de unidades y sistemas de armas, sino también de distancias, infraestructura y sostenimiento.


Defender espacios de semejante magnitud exige poder trasladar fuerzas, abastecerlas, mantenerlas y reponer sus consumos.


Exige rutas, puertos, aeródromos, depósitos, talleres y medios de transporte.


En la Argentina, la geografía convierte inevitablemente a la logística en estrategia.


EL DÍA 31


Imaginemos ahora un ejercicio teórico.

No pensemos en el primer día de una crisis.


Pensemos en el día 31.


Los aviones ya realizaron numerosas salidas. Los buques acumularon jornadas de navegación. Los vehículos recorrieron miles de kilómetros. Parte del material sufrió averías. Se consumieron municiones y combustible. Algunos drones se perdieron. Determinados componentes deben reemplazarse.


Entonces aparecen las preguntas que ningún desfile puede responder:

¿Cuánto queda disponible?

¿Cuánto podemos reparar?

¿Cuánto podemos producir?

¿Cuánto tardamos en trasladarlo hasta donde se necesita?

¿Qué depende del exterior?

¿Y qué ocurre si aquello que necesitamos ya no puede comprarse?


Tal vez sea en ese momento cuando aparece la verdadera dimensión del poder militar de una Nación.

 

LA GUERRA COMIENZA MUCHO ANTES DEL PRIMER DISPARO


La experiencia contemporánea está obligando a recuperar una idea que nunca debería haberse olvidado.


Las guerras no se ganan solamente destruyendo las capacidades del adversario.

También se ganan resistiendo el desgaste durante más tiempo que él.


Por eso resulta significativo que la Argentina recupere capacidades industriales vinculadas con municiones y sistemas esenciales. Pero el desafío es considerablemente mayor: integrar producción, reservas, mantenimiento, infraestructura, transporte y movilización dentro de una verdadera estrategia de sostenimiento.


Los sistemas de armas son indispensables.

Pero detrás de ellos deben existir arsenales y depósitos. Detrás de estos, fábricas y talleres. Y detrás de las fábricas, técnicos, ingenieros, trabajadores, proveedores y conocimiento acumulado durante años.


Sobre todo, debe existir una decisión nacional de preservar esas capacidades cuando todavía no parecen urgentes.


Porque cuando comienza una guerra, probablemente ya sea demasiado tarde para construir la estructura industrial y logística necesaria para sostenerla.


Por eso, la pregunta no debería ser solamente cuántos aviones, blindados, buques, drones o cañones posee un país.

Hay otra mucho más importante:


¿Durante cuánto tiempo puede mantenerlos combatiendo?


Quizás allí se encuentre una de las medidas más sinceras del poder militar.

Porque una Nación no dispone realmente de las Fuerzas Armadas que puede poner en movimiento el primer día.


Dispone de aquellas que todavía puede sostener cuando llega el día 31.


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