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La evolución de la superioridad estratégica en el siglo XXI: la inteligencia artificial y la administración estratégica de la incertidumbre


 

Resumen

La incertidumbre ha constituido históricamente uno de los principales desafíos de la estrategia militar. Desde el pensamiento de Clausewitz hasta la conducción contemporánea, la capacidad para comprender el ambiente operacional y decidir antes que el adversario ha sido un factor decisivo para construir ventajas estratégicas. En el siglo XXI, la inteligencia artificial emerge como uno de los principales factores de esa evolución al modificar la forma en que los Estados obtienen, integran y procesan información para conducir operaciones militares (Freedman, 2017; Department of Defense, 2022).

El presente trabajo analiza cómo la inteligencia artificial transforma los mecanismos mediante los cuales los Estados procuran administrar la incertidumbre y construir superioridad estratégica. Para ello se emplea una metodología cualitativa basada en la revisión bibliográfica, el análisis documental y el estudio de las principales lecciones derivadas de conflictos recientes, particularmente la guerra entre Rusia y Ucrania.

La investigación sostiene como hipótesis que la inteligencia artificial no modifica la naturaleza política de la guerra ni sustituye los principios clásicos de la estrategia. Su principal aporte consiste en reducir determinadas incertidumbres asociadas con la obtención, integración y procesamiento de la información, aunque simultáneamente genera otras vinculadas con la dependencia tecnológica, la vulnerabilidad del ciberespacio y la protección de las infraestructuras críticas.

Sobre esta base, se propone interpretar la evolución contemporánea de la superioridad estratégica como una transformación en la manera en que los Estados procuran administrar la incertidumbre.

Finalmente, se analizan las implicancias de este proceso para la defensa nacional argentina, destacando la necesidad de fortalecer la doctrina, la formación profesional, las capacidades científico-tecnológicas y la Base Industrial y Tecnológica para la Defensa como condiciones necesarias para preservar la autonomía estratégica frente a un escenario internacional caracterizado por una creciente competencia tecnológica (Nye, 2011).

Palabras clave: Superioridad estratégica; inteligencia artificial; incertidumbre; estrategia militar; defensa nacional.

 

1. Introducción

La incertidumbre ha constituido históricamente uno de los principales desafíos de la estrategia militar. Desde el pensamiento de Carl von Clausewitz hasta las doctrinas contemporáneas, la capacidad de comprender el ambiente operacional (el conjunto de condiciones en las que se desarrollan las operaciones), anticipar las acciones del adversario y emplear eficazmente los instrumentos del poder nacional ha sido fundamental para construir ventajas estratégicas y alcanzar los objetivos políticos del Estado (Clausewitz, 1832/2005; Liddell Hart, 1967).

Durante gran parte de los siglos XIX y XX, la superioridad estratégica se vinculó principalmente con factores materiales, como el potencial económico, la capacidad industrial, el tamaño y preparación de las fuerzas armadas, la disponibilidad de recursos estratégicos y el control del territorio. La revolución digital alteró progresivamente ese paradigma al convertir la información en un recurso estratégico para la conducción militar (Nye, 2011).

El desarrollo de sensores, satélites, redes de comunicaciones y sistemas capaces de procesar grandes volúmenes de datos dio lugar a un nuevo ambiente operacional. En ese contexto, la inteligencia artificial adquirió una importancia creciente al ampliar la capacidad para integrar información procedente de múltiples fuentes, identificar patrones y acelerar el proceso de decisión frente a situaciones cada vez más complejas (Russell, 2019; Kissinger, Schmidt, & Huttenlocher, 2021).

Los conflictos recientes demuestran que esta evolución ya no constituye una posibilidad futura, sino una realidad del campo de batalla. La guerra entre Rusia y Ucrania evidencia la integración de sistemas autónomos, inteligencia artificial, guerra electrónica, sensores distribuidos y operaciones multidominio (integración coordinada de los dominios terrestre, marítimo, aéreo, espacial, cibernético y electromagnético). Como resultado, la velocidad con que la información se transforma en decisiones influye cada vez más sobre la conducción de las operaciones (Freedman, 2023; Department of Defense, 2022).

Frente a esta realidad surge un interrogante central: ¿la inteligencia artificial modifica la naturaleza de la guerra o transforma los mecanismos mediante los cuales los Estados construyen superioridad estratégica? Este trabajo sostiene la segunda hipótesis. Parte de la premisa de que estas tecnologías no alteran la naturaleza política del conflicto ni los principios clásicos formulados por Clausewitz. Su principal efecto consiste en modificar la manera en que los Estados procuran administrar la incertidumbre: reducen determinadas incertidumbres vinculadas con la obtención, integración y procesamiento de la información, pero generan otras asociadas con la dependencia tecnológica, la vulnerabilidad del ciberespacio y la protección de las infraestructuras críticas.

A partir de esta hipótesis, la investigación propone interpretar la evolución contemporánea de la superioridad estratégica como un cambio en la forma en que los Estados procuran administrar la incertidumbre. Con ese propósito, analiza la evolución del concepto de superioridad estratégica, examina el papel de la superioridad informacional, estudia las principales lecciones derivadas de los conflictos recientes y reflexiona sobre los desafíos doctrinarios, tecnológicos y organizacionales que esta evolución plantea para la defensa nacional argentina.

 

2. Objetivos

Objetivo general

Analizar de qué manera la inteligencia artificial modifica los mecanismos mediante los cuales los Estados administran la incertidumbre para construir superioridad estratégica, y determinar las principales implicancias doctrinarias de esa transformación para la defensa nacional argentina.

Objetivos específicos

  • Examinar la evolución del concepto de superioridad estratégica a partir del desarrollo de la inteligencia artificial y de la creciente importancia de la información como factor del poder militar.

  • Analizar cómo la inteligencia artificial modifica la forma en que los Estados procuran administrar la incertidumbre, acelerar los procesos de decisión y construir ventajas estratégicas.

  • Identificar, a partir de los conflictos recientes, las principales transformaciones de la conducción militar derivadas del empleo de inteligencia artificial, sistemas autónomos, sensores integrados y operaciones multidominio.

  • Evaluar las implicancias doctrinarias, tecnológicas, organizacionales y formativas que estas transformaciones plantean para la defensa nacional argentina.

 

3. Metodología

La investigación se desarrolló mediante un enfoque cualitativo, de alcance descriptivo-analítico, basado en la revisión bibliográfica y el análisis documental de fuentes académicas, doctrinarias e institucionales.

El estudio se apoyó en obras clásicas sobre estrategia militar y en publicaciones contemporáneas relativas a inteligencia artificial, superioridad estratégica, superioridad informacional, operaciones multidominio, guerra electrónica y transformación tecnológica de los conflictos armados. Asimismo, se examinaron documentos doctrinarios elaborados por organismos especializados con el propósito de identificar los principales cambios conceptuales y operacionales asociados a la incorporación de estas capacidades en la conducción militar.

Como estudio de caso se analizó la guerra entre Rusia y Ucrania, por constituir uno de los escenarios más representativos para observar el empleo integrado de inteligencia artificial, sistemas autónomos, sensores distribuidos, guerra electrónica y operaciones multidominio en conflictos de alta intensidad. Su examen permitió contrastar los desarrollos doctrinarios con experiencias recientes de empleo operacional.

La investigación adopta una perspectiva estratégica y doctrinaria. No pretende analizar los aspectos técnicos de la inteligencia artificial, sino examinar cómo estas capacidades transforman la forma en que los Estados administran la incertidumbre para construir superioridad estratégica y cuáles son las implicancias de esa evolución para la defensa nacional argentina.

 

4. La inteligencia artificial y la evolución de la superioridad estratégica

En el presente trabajo se entiende por superioridad estratégica la capacidad de un Estado para generar ventajas sostenibles que limiten la libertad de acción del adversario y aumenten las probabilidades de alcanzar sus objetivos políticos mediante el empleo integrado de los instrumentos del poder nacional.

Desde los orígenes del pensamiento estratégico moderno, la búsqueda de esas ventajas ha constituido una constante de la guerra. Aunque los instrumentos para alcanzarlas evolucionaron a lo largo de la historia, su finalidad permaneció invariable: crear condiciones favorables para imponer la propia voluntad sobre el adversario (Clausewitz, 1832/2005).

Durante los siglos XIX y XX, la superioridad estratégica se apoyó principalmente en factores materiales, como el potencial económico, la capacidad industrial, la disponibilidad de recursos estratégicos, el tamaño y preparación de las fuerzas armadas y el control del territorio. La Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría consolidaron este paradigma al incorporar la logística, el poder aéreo, la disuasión nuclear y el desarrollo tecnológico como componentes centrales del poder militar (Liddell Hart, 1967; Gray, 2010).

La revolución digital comenzó a modificar esta concepción. La expansión de las redes de comunicaciones, el desarrollo de sensores de alta precisión y el crecimiento exponencial del volumen de datos otorgaron a la información un valor estratégico sin precedentes. Como consecuencia, comprender el ambiente operacional con mayor rapidez y precisión pasó a ser tan importante como muchos de los factores materiales tradicionales (Nye, 2011).

En este escenario, la inteligencia artificial representa una nueva etapa en la evolución de la superioridad estratégica. Su principal aporte no consiste únicamente en automatizar procesos, sino en integrar grandes volúmenes de información, identificar patrones, anticipar situaciones y asistir la toma de decisiones con una velocidad imposible de alcanzar mediante procedimientos exclusivamente humanos (Russell, 2019; Kissinger, Schmidt, & Huttenlocher, 2021).

Esta transformación adquiere especial importancia porque uno de los desafíos permanentes de la estrategia ha sido actuar en condiciones de incertidumbre. Clausewitz identificó la fricción y la información incompleta como rasgos inherentes a la guerra. Más de un siglo después, John Boyd sostuvo que la ventaja correspondía a quien recorriera con mayor rapidez el ciclo OODA (observación, orientación, decisión y acción) (Boyd, 1987). La inteligencia artificial vincula ambas perspectivas al acelerar el procesamiento de la información y reducir el tiempo necesario para convertir los datos en decisiones. En consecuencia, la velocidad deja de ser únicamente un atributo operacional para convertirse en un factor estratégico.

Sin embargo, el principal cambio no radica en la velocidad, sino en la forma en que los Estados procuran administrar la incertidumbre. La inteligencia artificial reduce determinadas incertidumbres asociadas con la obtención, integración y procesamiento de la información, pero simultáneamente genera otras relacionadas con la dependencia tecnológica, la confiabilidad de los algoritmos, la vulnerabilidad del ciberespacio y la protección de las infraestructuras críticas. La incertidumbre, por lo tanto, no desaparece; cambia de naturaleza.

Desde esta perspectiva, la evolución de la superioridad estratégica puede interpretarse como una evolución en la manera de administrar la incertidumbre. Sin perder vigencia, los factores materiales se complementan con nuevas capacidades vinculadas al dominio de la información, la integración de sensores, el análisis automatizado de datos y la aceleración del proceso decisional. La ventaja depende cada vez más de la capacidad para transformar información en conocimiento y conocimiento en decisiones oportunas.

Esta evolución explica que la doctrina militar contemporánea considere la superioridad informacional como uno de los pilares de las operaciones multidominio (integración coordinada de los dominios terrestre, marítimo, aéreo, espacial, cibernético y electromagnético). En este marco, la inteligencia artificial facilita la integración y distribución de información en una escala y velocidad incompatibles con los métodos tradicionales de conducción (Department of Defense, 2022).

En consecuencia, la superioridad informacional deja de ser una capacidad de apoyo para convertirse en uno de los principales mecanismos mediante los cuales los Estados construyen superioridad estratégica. Comprender esta evolución constituye el punto de partida para analizar las lecciones que ofrecen los conflictos contemporáneos.

 

5. La superioridad informacional como factor de la estrategia contemporánea

La obtención de información ha constituido, desde la Antigüedad, uno de los pilares de la conducción militar. Conocer las capacidades, las intenciones y los movimientos del adversario permitió siempre reducir la incertidumbre y aumentar las probabilidades de éxito. Ya en El arte de la guerra, Sun Tzu afirmaba que quien conoce al enemigo y se conoce a sí mismo no debe temer el resultado de cien batallas (Sun Tzu, siglo V a. C./2009).

Durante siglos, el principal desafío no consistió en reconocer el valor de la información, sino en obtenerla oportunamente y transformarla en decisiones eficaces. La revolución digital modificó esa realidad al multiplicar el volumen de datos disponibles mediante satélites, sensores, radares, plataformas tripuladas y no tripuladas, interceptaciones electrónicas y fuentes abiertas. El problema dejó de ser la escasez de información para convertirse en la capacidad de organizarla, interpretarla y utilizarla antes que el adversario (Nye, 2011).

En este contexto, la superioridad informacional puede entenderse como la capacidad de obtener, integrar, proteger y explotar información con mayor eficacia que el adversario para apoyar la conducción de las operaciones. Su finalidad no consiste en acumular datos, sino en generar el conocimiento necesario para comprender el ambiente operacional, reducir determinadas incertidumbres y mejorar la calidad del proceso decisional.

La inteligencia artificial constituye hoy uno de los principales instrumentos para alcanzar esa superioridad. Su aporte no radica únicamente en automatizar procesos, sino en integrar información procedente de múltiples dominios, identificar patrones y generar conocimiento útil con una rapidez compatible con el ritmo de las operaciones militares (Russell, 2019). Su valor estratégico depende menos de la cantidad de información disponible que de la capacidad para convertirla en decisiones antes que el adversario (Freedman, 2017).

Esta evolución explica el desarrollo de arquitecturas que integran sistemas ISR (Intelligence, Surveillance and Reconnaissance; inteligencia, vigilancia y reconocimiento), enlaces de datos, sensores distribuidos, inteligencia artificial y redes de mando digitalizadas. Su finalidad es generar una comprensión compartida del ambiente operacional que facilite la coordinación entre los distintos componentes de la fuerza y reduzca los tiempos del proceso decisional (Department of Defense, 2022).

Como consecuencia, la maniobra, el empleo del fuego, la logística y la coordinación entre fuerzas dependen cada vez más de la oportunidad y calidad del conocimiento disponible. La información deja de ser un recurso de apoyo para convertirse en uno de los principales factores que condicionan la eficacia de las operaciones militares.

Sin embargo, la superioridad informacional no elimina la incertidumbre inherente a la guerra ni reemplaza el juicio profesional del comandante. La inteligencia artificial reduce determinadas incertidumbres asociadas con la obtención, integración y procesamiento de la información, pero simultáneamente genera otras vinculadas con la dependencia tecnológica y la vulnerabilidad de las infraestructuras digitales. La decisión y la conducción continúan siendo responsabilidades esencialmente humanas.

Desde esta perspectiva, la superioridad informacional constituye el principal mecanismo mediante el cual los Estados procuran administrar la incertidumbre para construir superioridad estratégica. Su importancia no reside en la tecnología por sí misma, sino en la capacidad para transformar los datos en información, la información en conocimiento y el conocimiento en decisiones capaces de generar ventajas operacionales y estratégicas.

 

6. Lecciones estratégicas de los conflictos recientes

Los conceptos desarrollados en los capítulos precedentes encuentran una expresión concreta en los conflictos armados contemporáneos. La incorporación de inteligencia artificial, sistemas autónomos, sensores distribuidos y redes digitales dejó de ser una proyección tecnológica para convertirse en un componente habitual de las operaciones militares de alta intensidad.

Entre los conflictos recientes, la guerra entre Rusia y Ucrania constituye el caso más representativo para analizar la evolución de la conducción militar en el siglo XXI. La integración de vehículos no tripulados, guerra electrónica, vigilancia satelital, inteligencia artificial y operaciones multidominio demuestra que la innovación tecnológica ya no actúa únicamente como apoyo al combate, sino que modifica la forma en que los Estados obtienen información, toman decisiones y construyen superioridad estratégica (Freedman, 2023).

Una de las principales lecciones es la creciente transparencia del campo de batalla. La proliferación de satélites comerciales, sensores distribuidos y drones de reconocimiento redujo significativamente las posibilidades de ocultar movimientos de tropas, concentraciones logísticas y despliegues operacionales. La sorpresa continúa siendo un principio esencial de la estrategia, aunque alcanzarla exige hoy procedimientos mucho más complejos que en conflictos anteriores (van Creveld, 1991). En otras palabras, disminuye una parte de la incertidumbre que históricamente caracterizó al combate.

El empleo masivo de vehículos no tripulados constituye otra transformación de gran impacto. Inicialmente destinados al reconocimiento, estos sistemas participan actualmente en la adquisición de blancos, la corrección del fuego de artillería, la evaluación de daños y la vigilancia permanente del espacio de combate. Integrados en redes digitales, aceleran la circulación de información y reducen significativamente los tiempos de respuesta (Department of Defense, 2022), facilitando una comprensión más rápida del ambiente operacional.

Otra enseñanza relevante es la aceleración del ciclo OODA (observación, orientación, decisión y acción). La integración de múltiples sensores, el procesamiento automatizado de la información y la inteligencia artificial permiten reducir el tiempo transcurrido entre la detección de una situación y la ejecución de una respuesta (Boyd, 1987). Como consecuencia, la velocidad deja de ser únicamente una ventaja operacional para convertirse en un factor estratégico, al permitir administrar con mayor eficacia la incertidumbre durante la conducción de las operaciones.

Sin embargo, esta evolución también genera nuevas vulnerabilidades. La creciente dependencia de redes digitales, enlaces de datos, sistemas satelitales y arquitecturas altamente conectadas incrementa la exposición frente a ciberataques, interferencias electrónicas, degradación de las comunicaciones y ataques contra infraestructuras críticas. La competencia militar se extiende así al dominio informacional, al ciberespacio y al espectro electromagnético, cuya protección adquiere una importancia comparable a la de los medios físicos.

Los conflictos recientes consolidan además el concepto de operaciones multidominio (integración coordinada de los dominios terrestre, marítimo, aéreo, espacial, cibernético y electromagnético). Los distintos dominios dejan de actuar de forma independiente para integrarse en un único sistema operacional, donde la información obtenida en cualquiera de ellos puede producir efectos inmediatos sobre los demás. Ello exige estructuras de mando capaces de coordinar simultáneamente capacidades diversas y mantener una comprensión compartida del ambiente operacional (Department of Defense, 2022).

En conjunto, estas experiencias confirman la hipótesis desarrollada en esta investigación. La principal transformación no reside únicamente en la incorporación de nuevas tecnologías, sino en la forma en que los Estados administran la incertidumbre para construir superioridad estratégica. La inteligencia artificial y la integración de la información reducen determinadas incertidumbres asociadas al conocimiento del ambiente operacional, pero generan otras vinculadas con la dependencia tecnológica, la resiliencia de las redes digitales y la protección de las infraestructuras críticas. La incertidumbre, por lo tanto, no desaparece; cambia de naturaleza y obliga a desarrollar nuevas capacidades para administrarla.

 

7. Implicancias estratégicas para la defensa nacional argentina

La evolución de la superioridad estratégica analizada en los capítulos precedentes modifica el entorno en el que la Argentina debe planificar la defensa de sus intereses nacionales. Aunque el desarrollo de la inteligencia artificial se concentra actualmente en un número reducido de Estados y grandes corporaciones tecnológicas, sus efectos alcanzan a todas las naciones al transformar la forma en que se obtiene información, se toman decisiones y se conducen las operaciones militares (Nye, 2011).

En este escenario, el principal desafío para la defensa nacional no consiste únicamente en incorporar nuevas tecnologías, sino en adaptar el pensamiento estratégico, la doctrina y la organización de las Fuerzas Armadas a un ambiente operacional caracterizado por la aceleración del ciclo de decisión, la integración de múltiples dominios y el creciente valor de la información como recurso estratégico. La modernización exige revisar la planificación, la doctrina, la educación militar y los sistemas de conducción, además de incorporar nuevos medios materiales (Department of Defense, 2022).

A ello se suma un condicionante estructural. Los microprocesadores de última generación, la infraestructura de computación en la nube, los modelos fundacionales de inteligencia artificial y los grandes centros de procesamiento de datos permanecen concentrados en un reducido número de países y empresas. Esta situación limita la autonomía de los Estados que dependen de desarrollos tecnológicos externos para sostener capacidades críticas de defensa (UNESCO, 2021; Stanford Institute for Human-Centered Artificial Intelligence, 2025).

En consecuencia, la soberanía tecnológica debe entenderse como la capacidad de comprender, adaptar, integrar y emplear estas tecnologías de acuerdo con los intereses nacionales, más que como la pretensión de producir autónomamente todos sus componentes. Reducir las dependencias críticas resulta indispensable para preservar la libertad de acción y fortalecer la autonomía estratégica del Estado (Kissinger, Schmidt, & Huttenlocher, 2021).

Desde esta perspectiva, fortalecer el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación y consolidar una Base Industrial y Tecnológica para la Defensa constituyen objetivos estratégicos de largo plazo. La cooperación entre universidades, organismos científicos, el sector productivo y las Fuerzas Armadas puede impulsar el desarrollo de capacidades críticas, favorecer la innovación aplicada y generar soluciones adaptadas a las necesidades nacionales.

Sin embargo, la incorporación de inteligencia artificial no modifica un principio permanente de la estrategia: la decisión continúa siendo una responsabilidad esencialmente humana. Ninguna revolución tecnológica —desde la mecanización hasta la energía nuclear— sustituyó el juicio profesional, el liderazgo ni la responsabilidad inherentes al ejercicio del mando. La inteligencia artificial amplía las capacidades de análisis y acelera determinados procesos, pero la conducción estratégica sigue dependiendo de quienes interpretan la información, evalúan alternativas y asumen las consecuencias de sus decisiones (Clausewitz, 1832/2005; Freedman, 2017).

En consecuencia, el principal desafío para la Argentina consiste en desarrollar capacidades institucionales que le permitan administrar las nuevas incertidumbres derivadas de la transformación tecnológica del conflicto. Ello supone reducir vulnerabilidades, fortalecer la autonomía tecnológica y consolidar una doctrina capaz de integrar eficazmente las nuevas capacidades dentro del instrumento militar. La superioridad estratégica dependerá cada vez menos de la cantidad de recursos disponibles y cada vez más de la capacidad para transformar información en conocimiento, conocimiento en decisiones y decisiones en ventajas operacionales al servicio de los intereses permanentes de la Nación.

 

8. Conclusiones

La investigación realizada permite sostener que la evolución de la superioridad estratégica constituye una de las transformaciones más significativas del pensamiento militar contemporáneo. Sin alterar la naturaleza política de la guerra ni los principios clásicos formulados por Clausewitz, la inteligencia artificial modifica los mecanismos mediante los cuales los Estados buscan construir ventajas estratégicas. El propósito de la estrategia permanece invariable: alcanzar los objetivos políticos mediante la generación de ventajas sobre el adversario. Lo que cambia son los medios para conseguirlas.

El análisis efectuado demuestra que la información ha adquirido un valor estratégico comparable al de los factores materiales que históricamente definieron el poder militar. La integración de sensores, sistemas autónomos, inteligencia artificial y operaciones multidominio permite comprender con mayor rapidez el ambiente operacional, acelerar el proceso de decisión y mejorar la conducción de las operaciones. En consecuencia, la superioridad estratégica depende cada vez más de la capacidad para transformar datos en información, información en conocimiento y conocimiento en decisiones oportunas.

El principal aporte de esta investigación consiste en proponer que esta evolución puede interpretarse como una transformación en la manera en que los Estados administran la incertidumbre. La inteligencia artificial reduce determinadas incertidumbres relacionadas con la obtención, integración y procesamiento de la información, pero al mismo tiempo incorpora otras asociadas con la dependencia tecnológica, la vulnerabilidad del ciberespacio, la confiabilidad de los algoritmos y la protección de las infraestructuras críticas. La incertidumbre, por lo tanto, no desaparece; se transforma y exige nuevas formas de conducción.

Los conflictos recientes, particularmente la guerra entre Rusia y Ucrania, confirman esta interpretación. La superioridad estratégica ya no depende exclusivamente de la concentración de fuerzas o del poder de fuego, sino también de la capacidad para integrar información procedente de múltiples dominios, acelerar el ciclo de decisión y adaptarse con rapidez a un ambiente operacional dinámico. Al mismo tiempo, evidencian que la creciente digitalización del campo de batalla incorpora vulnerabilidades que obligan a replantear la doctrina, la organización y la preparación de las Fuerzas Armadas.

Para la Argentina, este escenario plantea desafíos que exceden la incorporación de nuevas tecnologías. Preservar la autonomía estratégica requiere fortalecer el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, consolidar una Base Industrial y Tecnológica para la Defensa, actualizar la doctrina y formar recursos humanos capaces de comprender, adaptar e integrar estas capacidades de acuerdo con los intereses permanentes de la Nación. La verdadera ventaja dependerá de la capacidad institucional para administrar las nuevas incertidumbres derivadas de la transformación tecnológica del conflicto.

En definitiva, la inteligencia artificial no reemplaza el juicio humano ni modifica la esencia de la guerra. Su verdadero significado estratégico reside en transformar la forma en que los Estados construyen superioridad estratégica mediante una administración más eficaz —aunque nunca completa— de la incertidumbre. Comprender esta evolución constituye uno de los principales desafíos del pensamiento estratégico y de la defensa nacional en el siglo XXI.

 

Referencias

Boyd, J. R. (1987). A discourse on winning and losing. Unpublished briefing.

Clausewitz, C. von. (2005). On war (M. Howard & P. Paret, Eds. & Trans.). Princeton University Press. (Trabajo original publicado en 1832).

Department of Defense. (2022). Joint publication 3-0: Joint campaigns and operations. U.S. Department of Defense.

Freedman, L. (2017). The future of war: A history. PublicAffairs.

Freedman, L. (2023). Command: The politics of military operations from Korea to Ukraine. Allen Lane.

Kissinger, H., Schmidt, E., & Huttenlocher, D. (2021). The age of AI: And our human future. Little, Brown and Company.

Liddell Hart, B. H. (1967). Strategy (2nd rev. ed.). Meridian Books.

Nye, J. S., Jr. (2011). The future of power. PublicAffairs.

Russell, S. (2019). Human compatible: Artificial intelligence and the problem of control. Viking.

Stanford Institute for Human-Centered Artificial Intelligence. (2025). AI Index Report 2025. Stanford University.

Sun Tzu. (2009). The art of war (S. B. Griffith, Trans.). Oxford University Press. (Trabajo original del siglo V a. C.).

UNESCO. (2021). Recommendation on the ethics of artificial intelligence. UNESCO.

van Creveld, M. (1991). The transformation of war. Free Press.



 
 
 

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