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¿Con qué arma combatió realmente José de San Martín el 3 de febrero de 1813?


 

Con la colaboración del historiador barilochense y especialista en armas blancas Edgardo Hugo Suárez


Cuando pensamos en José de San Martín, una imagen aparece de inmediato en nuestra memoria: el Libertador montado a caballo, sable en mano, conduciendo a sus hombres hacia la victoria.


Y si existe un arma asociada inseparablemente a su figura, esa es el célebre sable corvo.

Sin embargo, la historia guarda una curiosidad poco conocida. Todo indica que el arma que San Martín empuñó durante el combate de San Lorenzo no habría sido el sable corvo que hoy conocemos y que se conserva como una de las reliquias más importantes de la Argentina.


La afirmación puede sorprender. Después de todo, innumerables pinturas, ilustraciones, monumentos y representaciones históricas muestran al coronel de Granaderos cargando con el sable corvo en la mano. Sin embargo, cuando se examinan algunos testimonios históricos, surge una hipótesis tan interesante como poco difundida: en San Lorenzo, San Martín habría utilizado otra arma.


El primer combate de San Martín en América


La mañana del 3 de febrero de 1813 marcó un momento decisivo en la historia de la Revolución.


Las fuerzas realistas procedentes de Montevideo habían desembarcado cerca del convento de San Carlos, en la localidad de San Lorenzo, con la intención de hostigar las poblaciones ribereñas y mantener el control español sobre la navegación de los ríos.


Frente a ellos se encontraba una unidad recientemente creada: el Regimiento de Granaderos a Caballo.


San Martín había organizado aquella fuerza siguiendo los modelos militares más modernos de Europa. La disciplina, la instrucción y el entrenamiento constituían la base de un cuerpo concebido para actuar con rapidez y contundencia.


El combate duró apenas unos minutos.


Dos cargas de caballería fueron suficientes para desorganizar completamente a los realistas y obligarlos a reembarcarse. La victoria fue rápida, pero su impacto político y militar resultó enorme. Era la primera acción de armas del futuro Libertador en suelo americano y la primera prueba de fuego para sus granaderos.


También fue el escenario de uno de los episodios más recordados de nuestra historia: la caída de San Martín bajo su caballo y el rescate realizado por sus soldados, entre ellos el legendario Juan Bautista Cabral.


Una espada diferente


Durante décadas nadie cuestionó cuál había sido el arma utilizada por San Martín en aquella jornada.


La respuesta parecía obvia: el sable corvo.

Sin embargo, una fuente histórica abre una posibilidad distinta.


En 1895, José Joaquín Biedma publicó en La Ilustración Sud-Americana un relato atribuido al general Gregorio Aráoz de Lamadrid.


Según ese testimonio, cuando San Martín dejó el mando del Ejército del Norte y se retiró por motivos de salud, entregó a Lamadrid una espada personal.


Lo verdaderamente llamativo fue la explicación que acompañó el obsequio.


Lamadrid recordó que San Martín le dijo:


“Me regaló su espada, al tiempo de marcharse, diciéndome que era la que le había servido en el combate de San Lorenzo y que me daba para que la usase en su nombre, seguro de que sabría sostenerla.”


La declaración merece atención.


San Martín conservó el sable corvo durante toda su vida. Lo acompañó en las campañas de Chile y Perú, cruzó los Andes con él y finalmente lo legó a Juan Manuel de Rosas en una de las cláusulas más conocidas de su testamento.


Por lo tanto, si la espada entregada a Lamadrid era efectivamente la utilizada en San Lorenzo, resulta evidente que no podía tratarse del sable corvo.


El misterio de un arma perdida


La historia de aquella espada continúa después de San Martín.


Años más tarde, durante una acción militar en la Cuesta de las Carretas, Lamadrid perdió el arma en combate.


Según sus memorias, un golpe enemigo la hizo saltar de su mano y quedó en poder de los realistas.


Lo que siguió parece una novela de aventuras.


Tiempo después, un sargento argentino prisionero en Chuquisaca reconoció la espada mientras se encontraba bajo custodia. Sabía perfectamente de quién había sido y comunicó la novedad.


La fama de aquella pieza comenzó a crecer entre militares y oficiales que conocían su origen.


La espada pasó de mano en mano, adquirida y revendida entre quienes deseaban conservar una reliquia asociada a San Martín y Lamadrid.

En 1826 se realizó incluso un intento para recuperarla.


José Díaz Vélez, suegro de Lamadrid y representante diplomático de las Provincias Unidas ante Simón Bolívar, trató de adquirir nuevamente el arma. Sus esfuerzos resultaron inútiles.

Desde entonces, la espada desaparece de los registros históricos conocidos.


Su destino permanece envuelto en el misterio.


La hipótesis del sable inglés Modelo 1796


Si San Martín no utilizó el sable corvo, ¿qué arma habría empuñado en San Lorenzo?

No existe una respuesta definitiva.


Sin embargo, varios elementos permiten formular una hipótesis razonable.


San Martín había combatido durante años en los ejércitos españoles y conocía perfectamente las innovaciones militares introducidas durante las guerras napoleónicas.

Entre ellas se destacaba el famoso sable de caballería ligera británico Modelo 1796.


Diseñado por el oficial británico John Gaspard Le Marchant, era considerado uno de los mejores sables de caballería de su tiempo. Su hoja curva y ancha estaba especialmente concebida para el combate a caballo y para producir devastadores golpes de corte durante las cargas.


Los especialistas en armas blancas destacan que este modelo ejerció una enorme influencia en la caballería europea de comienzos del siglo XIX.


No resulta casual que los Granaderos a Caballo adoptaran posteriormente armas inspiradas en ese diseño.


Según el análisis realizado por el historiador Edgardo Hugo Suárez, especialista en armas blancas, resulta perfectamente posible que San Martín utilizara un sable de este tipo durante el combate de San Lorenzo. Más aún, considerando su conocida obsesión por probar personalmente el equipamiento destinado a sus tropas.


No existe documentación que permita afirmarlo de manera concluyente. Pero desde el punto de vista técnico e histórico, la hipótesis resulta coherente y plausible.


El símbolo y la realidad


Con el paso del tiempo, el sable corvo terminó convirtiéndose en un símbolo.


Acompañó a San Martín durante las campañas más importantes de la independencia sudamericana, cruzó los Andes, estuvo presente en Chacabuco, Maipú y Lima, y finalmente fue legado como reconocimiento a Juan Manuel de Rosas por la defensa de la soberanía nacional frente a las agresiones extranjeras.


Su valor histórico es incuestionable.


Sin embargo, los símbolos suelen simplificar historias mucho más complejas.


La investigación histórica permite descubrir que detrás de la imagen tradicional existe otra realidad, menos conocida pero igualmente fascinante.


Tal vez el arma utilizada en San Lorenzo nunca vuelva a aparecer.


Tal vez permanezca perdida para siempre en algún rincón olvidado de la historia.


Pero el simple hecho de que su existencia haya quedado registrada en los testimonios de quienes la conocieron nos recuerda que todavía quedan aspectos de la vida del Libertador que merecen ser explorados.


Porque la historia no solo se construye a partir de certezas.

También se alimenta de preguntas.


Y pocas resultan tan intrigantes como esta:


¿Cuál fue realmente el sable que empuñó José de San Martín en su primer combate en América?


 

 
 
 

1 comentario


Edgardo Suárez
Edgardo Suárez
hace 27 minutos

Excelente narrativa

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