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EL ERP FRENTE A LA DEMOCRACIA: ¿POR QUÉ SIGUIÓ COMBATIENDO DESPUÉS DE 1973?

hace 3 horas
6 min de lectura

La noche del 19 de enero de 1974, hombres armados del Ejército Revolucionario del Pueblo atacaron la guarnición militar de Azul. Murió el coronel Arturo Gay. El teniente coronel Jorge Roberto Ibarzábal fue tomado prisionero y llevado por sus captores.


El país no estaba bajo una dictadura. Juan Domingo Perón había ganado las elecciones y ejercía la presidencia. Sin embargo, el ERP difundió un parte de guerra en el que reivindicó el ataque y reafirmó su decisión de continuar combatiendo. Ibarzábal no regresaría con su familia: fue asesinado meses después, mientras permanecía cautivo.


¿Cómo había llegado la Argentina a ese punto? ¿Por qué una organización que había comenzado su lucha bajo un gobierno militar seguía atacando cuarteles después de la recuperación del voto?


La respuesta comienza antes de Azul. En 1970, el Partido Revolucionario de los Trabajadores —PRT— creó el Ejército Revolucionario del Pueblo. Mario Roberto Santucho fue la figura principal de su conducción. Junto con él actuaron dirigentes como Luis Pujals, Rubén Pedro Bonnet, Antonio del Carmen Fernández, Benito Urteaga, Domingo Menna y Enrique Gorriarán Merlo, aunque no todos tuvieron las mismas funciones ni coincidieron siempre sobre el rumbo de la organización.


El PRT definía la estrategia y dirigía política y militarmente al ERP. Quería, sin embargo, que su ejército reuniera más personas que los propios miembros del partido. Un combatiente podía incorporarse a la lucha contra el capitalismo y la influencia extranjera sin adherir por completo al programa socialista del PRT. Esa amplitud buscaba hacer crecer la fuerza armada; la conducción seguía en manos del partido.


Su objetivo tampoco se agotaba en poner fin a una dictadura. Los dirigentes del PRT querían cambiar la propiedad de la tierra y de las grandes empresas, transformar el Estado y construir una patria socialista. Desde esa perspectiva, celebrar elecciones podía modificar el gobierno, pero no resolvía la revolución que se habían propuesto llevar adelante.


La victoria de Cuba les había demostrado, a sus ojos, que una guerrilla podía vencer a un ejército regular. El ejemplo del Che Guevara y la experiencia vietnamita fortalecieron esa convicción. Algunos militantes del PRT-ERP recibieron instrucción militar en Cuba y la organización estableció vínculos con grupos armados de otros países latinoamericanos. No pensaban su lucha como un episodio aislado dentro de la Argentina, sino como parte de una revolución de alcance continental.


Había, sin embargo, una advertencia en la misma historia que los inspiraba. El Che había intentado abrir un frente guerrillero en Bolivia y había sido derrotado en 1967. La victoria cubana no era una fórmula que pudiera trasladarse de un país a otro sin considerar sus diferencias.


En marzo de 1973 apareció una diferencia imposible de ignorar: los argentinos volvieron a votar. Héctor Cámpora fue elegido presidente y el ERP tuvo que decidir qué haría ante un gobierno surgido de las urnas. Su respuesta quedó escrita antes de la asunción. Reconoció que Cámpora expresaba la voluntad popular y anunció que no atacaría a los miembros del nuevo gobierno mientras este no atacara al pueblo ni a la guerrilla. Pero también declaró que seguiría combatiendo a las Fuerzas Armadas y a las grandes empresas.


El documento llevaba un título que no dejaba dudas: «Por qué el Ejército Revolucionario del Pueblo no dejará de combatir».


Para sus dirigentes, el presidente podía cambiar mientras continuaban en pie las instituciones y las relaciones económicas que querían destruir. Le reclamaban al nuevo gobierno una reforma agraria, expropiaciones, la estatización de los bancos y el reemplazo de las Fuerzas Armadas. Sabían que Cámpora no había sido elegido para cumplir ese programa. Por eso decidieron sostener sus propias armas.


Esa decisión tenía una consecuencia política de enorme gravedad. El ERP aceptaba que los ciudadanos habían elegido un gobierno, pero se atribuía a sí mismo la autoridad de establecer que la guerra debía continuar. Su desacuerdo con el rumbo del país ya no se expresaría únicamente mediante la militancia, la organización sindical o la disputa pública de ideas. También se expresaría mediante ataques armados bajo un gobierno constitucional.


Azul mostró lo que esa decisión significaba para personas concretas. Gay murió en el ataque. Ibarzábal quedó en manos de una organización que lo trataba como prisionero de una guerra revolucionaria que el Estado argentino no había declarado como tal. El ERP consideraba enemigos a las Fuerzas Armadas incluso después del retorno de Perón a la presidencia.


Meses después, la organización abrió otro frente en Tucumán. Allí formó la Compañía de Monte «Ramón Rosa Jiménez». La provincia tenía importancia para el PRT por sus vínculos políticos previos y por los conflictos de los trabajadores azucareros. Los combatientes del monte debían entrenarse, sostener operaciones y complementar la actividad de las unidades urbanas.


La aspiración era establecer una zona liberada. No significaba simplemente disponer de refugios en el monte. El ERP tendría que controlar de manera estable un territorio, impedir allí el ejercicio efectivo de la autoridad estatal y defenderlo frente a una ofensiva. Si lo lograba, esperaba fortalecer su posición militar y buscar apoyo exterior. Algunas reconstrucciones señalan que también aspiraba a solicitar reconocimiento internacional como fuerza beligerante. Tal reconocimiento no habría creado por sí solo un Estado independiente ni impedido que el Ejército argentino combatiera para recuperar la zona.


En 1974, el ERP también participaba en una red de organizaciones armadas de Chile, Uruguay y Bolivia: la Junta de Coordinación Revolucionaria. Sus integrantes compartían la idea de que la transformación socialista debía avanzar en varios países. Esa cooperación explica parte de las expectativas de la conducción argentina, aunque las decisiones de combatir en Azul y abrir un frente en Tucumán fueron asumidas por el propio PRT-ERP.


La violencia no terminó allí. En febrero de 1975, durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón, se ordenaron operaciones militares contra el accionar de los grupos armados en Tucumán. En el Operativo Independencia se emplearon métodos clandestinos de represión antes del golpe de marzo de 1976. Aquellos crímenes tuvieron responsables propios: las acciones del ERP no justificaron secuestros, torturas ni desapariciones cometidos desde el Estado.


El ERP siguió combatiendo después de 1973 porque la democracia recuperada no era la revolución que buscaba. Sus dirigentes querían construir una patria socialista y creían que podían hacerlo mediante una guerra prolongada. Cuba les ofrecía el ejemplo de una victoria; Tucumán debía convertirse en un territorio desde el cual crecer; sus vínculos internacionales alimentaban la esperanza de recibir apoyo.


Mientras esos planes se discutían, Ibarzábal seguía cautivo. Había sido capturado durante un ataque a un cuartel argentino bajo un gobierno elegido por los argentinos. Ninguna discusión sobre estrategias revolucionarias puede borrar ese hecho, ni el dolor de quienes esperaban que volviera.


El ERP se propuso cambiar la patria por las armas. En 1973, la ciudadanía había recuperado el derecho de decidir su futuro mediante el voto. La conducción guerrillera eligió continuar la guerra. Para comprender aquellos años hay que explicar esa elección y mirar de frente a las personas que pagaron sus consecuencias.


FUENTES CONSULTADAS


Corda, M. C. (2006). Las vanguardias políticas de los años 70: la experiencia del PRT-ERP, desajuste y distanciamiento de la realidad [Tesis de maestría, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales]. Memoria Académica. https://memoria.fahce.unlp.edu.ar/tesis/te.1233/te.1233.pdf 

Ejército Revolucionario del Pueblo. (1973). Por qué el Ejército Revolucionario del Pueblo no dejará de combatir: Respuesta al presidente Cámpora [Comunicado]. Centro de Documentación de los Movimientos Armados. https://cedema.org/digital_items/270 

Ejército Revolucionario del Pueblo. (1974a, 19 de enero). Parte de guerra n.º 1: Sobre el copamiento de la guarnición militar de Azul [Comunicado]. Centro de Documentación de los Movimientos Armados. https://cedema.org/digital_items/277 

Ejército Revolucionario del Pueblo. (1974b, 20 de noviembre). Parte de guerra: Sobre la muerte del teniente coronel Ibarzábal [Comunicado]. Centro de Documentación de los Movimientos Armados. https://cedema.org/digital_items/294 

Ejército Revolucionario del Pueblo. (1974c, 30 de mayo). Toma de Acheral [Comunicado]. Centro de Documentación de los Movimientos Armados. https://cedema.org/digital_items/280 

Iazzetta, M. (2018). Violencia y política en la organización armada PRT-ERP entre los años 1971 y 1973: Del Gran Acuerdo Nacional (GAN) a la victoria electoral de Juan Domingo Perón. Enfoques, 30(1). https://publicaciones.uap.edu.ar/index.php/revistaenfoques/article/view/807/977 

Junta de Coordinación Revolucionaria. (1975, febrero). Junta de Coordinación Revolucionaria: Orígenes y perspectivas. Che Guevara, (2), 3–4. https://cedema.org/digital_items/90 

Poder Ejecutivo Nacional. (1975, 5 de febrero). Decreto S 261/1975: Operaciones militares. https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/decreto-261-1975-210287 

Secretaría de Derechos Humanos. (s. f.). Centro clandestino de detención: La Escuelita de Famaillá. Argentina.gob.ar. https://www.argentina.gob.ar/node/30341

 

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