top of page
  • Facebook
  • Instagram
Buscar

Los Barreteros de Cuyo: los hombres que abrieron el camino de la libertad

hace 11 minutos
5 min de lectura

Cuando recordamos el Cruce de los Andes, imaginamos a San Martín conduciendo a sus soldados entre montañas imponentes, precipicios y caminos imposibles. Pensamos en los granaderos, los cañones y las mulas que avanzaban por senderos estrechos. Pero pocas veces nos detenemos a pensar en aquellos hombres que, con barretas y picos, contribuyeron a preparar el camino por donde debía pasar el Ejército Libertador.


No eran militares profesionales ni pertenecían a los grandes regimientos. Eran trabajadores de las minas de Mendoza y San Juan, acostumbrados a enfrentar la dureza de la piedra y las dificultades del terreno. Fueron los Barreteros de Cuyo, 120 hombres cuya participación constituye una de las páginas menos conocidas de la epopeya sanmartiniana.


San Martín sabía que no bastaba con tener soldados


La preocupación de San Martín por la ingeniería militar era anterior al Cruce de los Andes. En septiembre de 1813, siendo todavía coronel, había impulsado la creación de una Compañía de Zapadores, cuya organización fue aprobada por el gobierno revolucionario. Su primer comandante fue Eduardo Kailitz, barón de Holmberg, un militar de origen europeo que había llegado al Río de la Plata en 1812, junto con San Martín y otros oficiales comprometidos con la causa de la independencia.


Aquella iniciativa demostraba que San Martín comprendía algo fundamental: un ejército no solamente necesitaba hombres dispuestos a combatir. También requería especialistas capaces de construir fortificaciones, abrir caminos, superar obstáculos y facilitar el movimiento de las tropas.


Cuando comenzó a organizar el Ejército de los Andes, esa necesidad adquirió una dimensión extraordinaria. La cordillera no era simplemente una frontera geográfica. Era una formidable barrera natural, con alturas superiores a los cuatro mil metros, pendientes pronunciadas y senderos que apenas permitían el tránsito de personas y animales.


El problema era especialmente grave para la artillería y los abastecimientos. Una roca desprendida, un paso demasiado estrecho o una pendiente peligrosa podían detener una columna entera. Y San Martín había planificado una operación que exigía coordinar el movimiento de fuerzas separadas por grandes distancias.


Durante los preparativos volvió a plantear la necesidad de contar con zapadores especializados. La organización de esa fuerza encontró dificultades y el general recurrió también a los recursos humanos disponibles en Cuyo. La solución estaba en las minas.


Los 120 hombres que enfrentaron la cordillera


En Mendoza y San Juan existían trabajadores habituados a utilizar barretas, picos y otras herramientas para desprender rocas y abrir paso en terrenos difíciles. San Martín incorporó a 120 de aquellos hombres a los servicios auxiliares del Ejército de los Andes.


El nombre de barreteros provenía de su herramienta característica: la barreta, una pieza de hierro utilizada para hacer palanca y remover piedras. Aquellos trabajadores poseían conocimientos adquiridos durante años de esfuerzo, que ahora serían puestos al servicio de una empresa completamente distinta. Ya no se trataba de extraer minerales, sino de contribuir a la liberación de Chile.


Mientras las columnas avanzaban por senderos estrechos, los barreteros debían intervenir donde las dificultades del terreno lo exigieran. Su misión era acondicionar pasos, remover obstáculos y facilitar el tránsito de hombres, animales y cargas. Era una tarea físicamente exigente, realizada en un ambiente donde el frío, la altura y las dificultades del abastecimiento afectaban a todos por igual.


No llevaban los uniformes que identificaban a los grandes cuerpos militares. Tampoco estaban destinados a protagonizar una carga de caballería. Su herramienta era la barreta y su conocimiento provenía del trabajo cotidiano. Sin embargo, su aporte podía resultar decisivo para mantener el movimiento del ejército.


San Martín también incorporó 25 baqueanos, hombres que conocían los pasos cordilleranos y podían orientar a las columnas. La diferencia entre ambos oficios era importante: los baqueanos conocían los caminos; los barreteros contribuían a hacerlos transitables.


El Ejército de los Andes contaba, además, con un Departamento de Ingenieros, encargado de reconocimientos y trabajos técnicos relacionados con la campaña. Los estudios del terreno, la información reunida y las decisiones del mando formaban parte de una planificación en la que cada especialidad cumplía una función.


En enero de 1817 comenzó el movimiento de las diferentes columnas. Las principales avanzaron por Los Patos y Uspallata, mientras otras fuerzas utilizaron pasos complementarios. La operación buscaba sorprender y dispersar la atención de los realistas, pero también exigía resolver enormes dificultades de transporte y abastecimiento.


La historia suele destacar, con justicia, la capacidad estratégica de San Martín. Sin embargo, aquella planificación necesitaba transformarse en movimiento real. Y para eso resultaban indispensables los arrieros, baqueanos, herreros, artesanos y barreteros que pusieron sus conocimientos al servicio del Ejército Libertador.


Un legado que permanece vivo


Los Barreteros de Cuyo representan un antecedente significativo de las funciones que posteriormente desarrollaría el Arma de Ingenieros del Ejército Argentino. En términos militares actuales, su trabajo estaba relacionado con el apoyo a la movilidad: permitir que las fuerzas superen obstáculos y continúen avanzando.


Su memoria permanece viva en Mendoza. El Batallón de Ingenieros de Montaña 8, con asiento en Campo Los Andes, lleva el nombre histórico de «Barreteros de Cuyo», como homenaje a aquellos trabajadores que contribuyeron a hacer posible una de las campañas más importantes de la independencia americana.


Han transcurrido más de dos siglos. Hoy los ingenieros militares cuentan con maquinaria, equipos especializados y medios que aquellos hombres jamás hubieran imaginado. Pero una parte esencial de su misión continúa siendo la misma: abrir caminos donde existen obstáculos y permitir que las fuerzas puedan cumplir su misión.


La historia de los barreteros también demuestra que la independencia fue mucho más que una sucesión de batallas. Fue una empresa colectiva en la que participaron soldados, comerciantes, artesanos, campesinos y trabajadores que aportaron lo que sabían hacer. El Ejército de los Andes fue, en buena medida, la expresión del esfuerzo de toda una sociedad.


De aquellos 120 barreteros conocemos su número, su procedencia regional y la función para la que fueron incorporados. Sin embargo, las fuentes históricas más difundidas no permiten recuperar la identidad de todos ellos. Esa ausencia nos recuerda cuántos protagonistas de nuestra historia permanecen todavía en el anonimato.


El 12 de febrero de 1817, la victoria de Chacabuco abrió el camino hacia la liberación de Chile. La historia conservó los nombres de los generales y los jefes que condujeron aquella campaña, pero apenas recuerda a los trabajadores cuyanos que contribuyeron a hacer posible la marcha.


No conocemos sus rostros ni la mayoría de sus nombres. Sabemos que llevaron a la cordillera las herramientas y los conocimientos de su oficio, y que pusieron su esfuerzo al servicio de una empresa que cambiaría la historia de América.


Los Barreteros de Cuyo no pasaron a la historia por conquistar una posición enemiga. Su mérito fue ayudar a abrir el camino por el que avanzó la libertad.


¿Te gustó este artículo?


 Si valorás mi trabajo y querés ayudarme a seguir investigando y escribiendo sobre nuestra historia, podés invitarme un cafecito. Con tu aporte me ayudás a continuar.  



Cada colaboración, por pequeña que sea, me ayuda a seguir creando nuevos contenidos. Muchas gracias por acompañarme.

 

Sumate GRATIS a nuestro canal de WhatsApp



 
 
 

Comentarios


¿Queres ser el primero en enterarte de los nuevos lanzamientos y promociones?

Serás el primero en enterarte de los lanzamientos

© 2025 Creado por Ignacio Arnaiz

bottom of page