Martina Céspedes: la mujer que se rió de los fusiles
- Roberto Arnaiz
- 9 abr 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 4 jun 2025
Buenos Aires amaneció sitiada. Era julio de 1807. El aire estaba espeso, cargado de pólvora, mugre y miedo. La Segunda Invasión Inglesa había convertido a la ciudad en un tablero de guerra. Los soldados británicos entraban por los barrios como si ya hubieran ganado, convencidos de que esta tierra iba a rendirse sin hacer ruido. Lo que no sabían era que detrás de muchas ventanas no había miedo... había rabia. Y en San Telmo, esa rabia tenía nombre: Martina Céspedes.
Viuda, madre de tres mujeres, curtida por la vida y con ojos más filosos que un sable. Atendía una pulpería en la calle Humberto Primo 371, a pasos de la actual Defensa, donde servía caña, vendía tabaco y escuchaba cómo Buenos Aires resistía a su manera: con uñas, con orgullo, y con lo que tuviera a mano.
Los soldados británicos, cansados y sedientos por la marcha, comenzaron a llegar. Se arrimaban como moscas al vino. Y Martina, con su voz amable y su delantal limpio, les ofrecía una copa... pero con condiciones.
—Uno por uno, muchachos. Acá no se arma tumulto. Entren de a uno, que hay bebida para todos.
Y ellos entraban, con la inocencia de los conquistadores que creen que el enemigo solo está en el campo de batalla. Adentro, entre la penumbra, las botellas y el aroma espeso a aguardiente, Martina y sus hijas los mareaban, les quitaban las armas y los mandaban al sótano como quien encierra gallinas.
Así, uno a uno, cayeron doce soldados británicos. Ella les sonreía, les servía, les hablaba bajito. Y cuando ya no podían ni sostener el fusil, les amarraba las manos. Martina solo les pedía a los soldados ingleses que, por razones de “orden y seguridad”, ingresaran de a uno a su humilde local de despacho. La excusa era la bebida, pero el brindis era con soga.
Al final del día, Martina se presentó ante Liniers con once prisioneros perfectamente desarmados, atados y humillados. Liniers no lo podía creer. Una mujer, sola, con sus tres hijas, había hecho lo que muchos uniformados ni intentaron.
—Señora —dijo el virrey, casi con solemnidad—, le otorgo el uniforme del ejército y el grado de sargento mayor.
Pero alguien en el grupo preguntó:
—¿Y el doceavo soldado?
Martina bajó la mirada. No dijo nada. Fue Josefa, su hija menor, quien respondió sin pestañear:
—Está conmigo. Nos vamos a casar.
Y ahí nació la leyenda. Décadas después lo llamarían “síndrome de Estocolmo”. Acá, podríamos decir que fue el primer caso del “síndrome de Josefa”. El amor como bandera de paz. El enemigo convertido en familia. Y la guerra, por un rato, se quedó sin argumentos.
Años más tarde, en 1825, Martina desfiló en la procesión de Corpus Christi junto al general Las Heras, vestida con su uniforme militar. Iba erguida, con el paso firme de quien no tiene que demostrarle nada a nadie. Mientras algunos generales se colgaban medallas por batallas ajenas, ella marchaba con la suya, ganada en la trastienda de una pulpería en San Telmo.
Hoy, nadie la nombra. No hay plazas con su estatua. En las escuelas se habla de Liniers, de Beresford, de Whitelocke… pero nadie recuerda a la mujer que les ganó una batalla con una sonrisa, un trapo y una trampa.
Y mientras tanto, los próceres de mármol se cubren de palomas. Martina, en cambio, sigue viva en las entrañas de esta ciudad que no aprende a honrar a sus verdaderos héroes. A veces pienso que si en vez de caña hubiese repartido discursos, estaría en los billetes.
Pero no. Ella no buscaba gloria. Solo quería su tierra libre y a su hija feliz.
¿Y sabés qué? Lo consiguió. Sin disparar un tiro.
Bibliografía
Las invasiones inglesas del Río de la Plata, Juan Beverina, 1935, Ediciones Peuser, Buenos Aires.
Martina Céspedes: heroína de la Reconquista, Hilda Sabato, 2007, Eudeba, Buenos Aires.
Mujeres de armas tomar, Felipe Pigna, 2020, Editorial Planeta, Buenos Aires.
La resistencia popular en Buenos Aires durante las invasiones inglesas, María Sáenz Quesada, 1996, Sudamericana, Buenos Aires.
Historia de las mujeres en la Argentina, Dora Barrancos (comp.), 2007, Editorial Sudamericana, Buenos Aires.




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