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¿Nos estamos preparando para una guerra que ya pasó?

hace 2 días
5 min de lectura

 

Cuando una fuerza termina de comprender una innovación, es posible que su adversario ya esté desarrollando cómo neutralizarla. Ese es uno de los desafíos de nuestro tiempo: los medios de combate pueden evolucionar más rápido que las instituciones encargadas de estudiarlos, incorporarlos y preparar a quienes deberán emplearlos.


La guerra entre Rusia y Ucrania ofrece enseñanzas fundamentales. Pero debemos formular una pregunta incómoda: ¿la estudiamos para comprender la transformación de la guerra o para convertirla en el modelo de la próxima?


La diferencia tiene consecuencias. Una doctrina construida mediante la copia de experiencias ajenas puede resultar convincente en el aula y fracasar ante otro adversario, en otro territorio y bajo circunstancias políticas diferentes.


De la cadena a la red


Una manera de comprender el proceso de combate es la cadena de acciones sobre un objetivo (kill chain): detectar, localizar, seguir, seleccionar, atacar y evaluar. Cada etapa aporta elementos para la siguiente.


La red de combate (kill web) amplía esa lógica. Múltiples sensores, centros de mando y medios de acción comparten información y permiten establecer caminos alternativos. Un medio detecta, otro contribuye a identificar y un tercero puede ejecutar la acción autorizada.

Dentro de esa red pueden funcionar varias cadenas simultáneamente. Si una conexión se pierde, otras pueden sostener la operación, siempre que la arquitectura y las condiciones del combate lo permitan.


Este enfoque se vincula con las operaciones multidominio (multi-domain operations): la coordinación de capacidades de tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio. El mando y control conjunto en todos los dominios (Joint All-Domain Command and Control, JADC2) busca facilitar esa integración para comprender la situación y actuar de manera coordinada. www.army.mil


El cambio exige mucho más que comunicaciones rápidas. Obliga a revisar cómo se organiza una fuerza, quién recibe la información, dónde se toman las decisiones y cómo se mantiene la capacidad de actuar cuando el adversario interrumpe parte de la red.


Cuando la máquina puede actuar


Aquí aparece una cuestión decisiva: ya existen sistemas capaces de ejecutar determinadas funciones sin intervención humana en cada paso.


Sin embargo, debemos explicar qué significa autonomía. Desplazarse, reconocer objetos, coordinar movimientos y seleccionar un objetivo para atacarlo son funciones diferentes. Que un dron pueda navegar por sí mismo no significa que pueda decidir sobre el empleo de sus armas.


La directiva estadounidense sobre autonomía en sistemas de armas contempla sistemas que, una vez activados, pueden seleccionar y atacar objetivos sin una nueva intervención del operador. Al mismo tiempo, exige niveles apropiados de juicio humano sobre el empleo de la fuerza. Esa intervención puede producirse al establecer la misión y sus condiciones, aunque no necesariamente mediante la autorización de cada ataque individual. media.defense.gov


Por eso, una red de combate no implica automáticamente ataques autónomos. Conexión, inteligencia artificial y autonomía son características distintas, aunque puedan reunirse en un mismo sistema.


Para el conductor, la pregunta adquiere una dimensión concreta: ¿qué decisiones conserva, cuáles delega y cómo verifica que el sistema actúe dentro de lo previsto?


La velocidad de una máquina puede ampliar las capacidades de una fuerza. También puede reducir el tiempo disponible para detectar un error antes de que produzca consecuencias.


La evolución continúa


La transformación tampoco termina en la red de combate. La guerra en mosaico (mosaic warfare), presentada por DARPA —la agencia estadounidense de investigación avanzada para la defensa— en 2017, propone combinar capacidades tripuladas y no tripuladas de distintas maneras según la misión. www.darpa.mil


La idea consiste en disponer de componentes que puedan reunirse en configuraciones diferentes. El valor reside tanto en cada medio como en la capacidad de combinarlos y reorganizarlos.


También se investigan enjambres de sistemas autónomos (autonomous swarms). Un estudio del programa OFFSET documentó misiones experimentales en las que una persona supervisó cien robots aéreos y terrestres. El resultado muestra posibilidades de coordinación y, a la vez, exigencias importantes sobre la carga de trabajo humana. No demuestra, por sí mismo, que esos robots seleccionaran y atacaran objetivos autónomamente. arxiv.org


Estos desarrollos no forman una escalera universal en la que un concepto elimina al anterior. Conviven, se complementan y presentan distintos grados de madurez.


Tampoco debemos confundir una demostración tecnológica con una capacidad plenamente confiable en combate. Las comunicaciones, la energía, el mantenimiento, las interferencias y la adaptación del adversario siguen condicionando su empleo.


Ucrania: un laboratorio, no una receta


Debemos estudiar la guerra entre Rusia y Ucrania con profundidad. Sus experiencias permiten examinar drones, guerra electrónica, dispersión, protección, logística y adaptación. Pero cada enseñanza necesita una segunda pregunta: ¿bajo qué condiciones fue válida?


Una solución eficaz en aquel frente puede perder utilidad en otro escenario. Incluso puede ser neutralizada mientras estamos incorporándola a nuestros programas de enseñanza.


Copiar un procedimiento sin comprender el problema que resolvió equivale a conservar una respuesta después de que cambió la pregunta.


La doctrina debe transformar observaciones en hipótesis, someterlas a ejercicios y confrontarlas con escenarios diferentes. También debe considerar las capacidades propias, la geografía, los recursos disponibles y los objetivos nacionales.


La próxima guerra encontrará fuerzas que habrán aprendido de las anteriores y adversarios que intentarán sorprenderlas. Prepararse exige comprender esa interacción.


Los clásicos son nuevos cada día

El diario de hoy ya es viejo; los clásicos son nuevos cada día.


Con la guerra ocurre algo semejante. Mientras estudiamos una innovación que acaba de aparecer en el campo de batalla, alguien ya está desarrollando cómo neutralizarla. La experiencia conserva su valor, pero debemos comprenderla dentro de un proceso que continúa cambiando.


Los clásicos mantienen su vigencia porque nos ayudan a pensar problemas persistentes. Clausewitz nos obliga a relacionar la guerra con su finalidad política, reconocer la fricción y examinar decisiones tomadas bajo incertidumbre. Sun Tzu nos invita a considerar el conocimiento del adversario, el engaño y las condiciones del enfrentamiento.


Sus páginas deben ser interrogadas desde el presente. Cada transformación tecnológica nos lleva a ellas con preguntas nuevas.


Una máquina puede procesar información a una velocidad extraordinaria. El conductor necesita comprender qué busca conseguir, qué consecuencias puede provocar y cómo vincular una acción militar con el propósito político que debe servir.


Prepararse exige estudiar lo ocurrido y desarrollar la capacidad de responder a lo que todavía no conocemos.


Aprender para anticipar


Para la Argentina, este desafío demanda profesionales capaces de estudiar historia, comprender tecnología, experimentar y revisar sus propias conclusiones. La preparación intelectual y la capacidad institucional de aprender deben acompañar la incorporación de medios.


Necesitamos una doctrina que proporcione orientación y permita adaptarse. Su fortaleza debe expresarse en la calidad de las preguntas, en el rigor de los ejercicios y en la capacidad para corregir lo que la realidad desmiente.


La superioridad tecnológica puede ser transitoria. La capacidad de aprender permite disputar nuevamente la iniciativa cuando una ventaja desaparece.


Estudiar la última guerra es necesario. Suponer que la próxima será igual es el comienzo de nuestra derrota.


El diario de hoy ya es viejo. Los clásicos son nuevos cada día, porque cada generación debe aprender nuevamente a pensar.


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