BELGRANO Y WASHINGTON: ¿CÓMO SE CONSTRUYE UN PUEBLO?
Antes de la nación: el desafío de construir un pueblo
Cuando pienso en el Río de la Plata de comienzos del siglo XIX, veo ciudades con historias e intereses propios, pero no todavía un pueblo capaz de reconocerse en un proyecto político común. Uso aquí la palabra pueblo en ese sentido: una comunidad que puede decidir qué quiere ser, darse objetivos compartidos y encontrar símbolos que expresen su pertenencia.
A veces imagino el orden colonial como una empresa multinacional con sede en Madrid y sucursales distribuidas por un territorio inmenso. Es una comparación deliberadamente actual, pero ayuda a mostrar el problema: las reglas del gobierno y del comercio respondían a la Corona; las ciudades atendían también sus intereses locales, sin que existiera entre ellas un proyecto de nación propia. Cuando se quebró la autoridad de la monarquía, no bastaba con preguntarse quién iba a mandar. Había que decidir para qué y en nombre de quién se iba a gobernar.
Esa tarea encontraba obstáculos profundos. La enseñanza elemental llegaba a una parte limitada de la población, las distancias dificultaban el conocimiento mutuo y cada ciudad tenía motivos para defender su posición. Belgrano había denunciado el abandono de las escuelas y advertido contra la idea de mantener al pueblo en la ignorancia para asegurar su obediencia. ¿Cómo construir una comunidad libre si muchos de sus integrantes carecían de los medios para participar en ella? Belgrano, «Educación», Correo de Comercio, 17 de marzo de 1810.
En ese contexto leo el artículo que Belgrano publicó en mayo de 1810 sobre la destrucción y la conservación de las naciones. Su advertencia contra la desunión adquiere una fuerza particular ante la crisis del Río de la Plata. También entiendo por qué quiso difundir la Despedida de George Washington: admiraba a un hombre que había contribuido a fundar una república y que, al retirarse, se preguntaba cómo podía conservarse. Belgrano, Correo de Comercio, 19 de mayo de 1810; Belgrano, introducción a su traducción de la Despedida.
Washington se dirigía a ciudadanos que ya tenían independencia y Constitución. Belgrano escribía desde una realidad en la que todavía se discutía qué comunidad política podía surgir de la crisis imperial. Esa diferencia guía este trabajo: ¿qué necesita un pueblo para formarse y qué necesita, una vez libre, para permanecer unido?
Dos escritos, una preocupación: la unión como condición de la libertad
En mayo de 1810, Manuel Belgrano publicó en el Correo de Comercio una reflexión sobre la destrucción y la conservación de las naciones. Se preguntaba por qué pueblos que habían alcanzado poder y renombre terminaban perdiendo su existencia política. Encontró una causa decisiva: la desunión.
George Washington había formulado una advertencia semejante en la Despedida dirigida al pueblo de los Estados Unidos en 1796. Después de conducir la independencia y ejercer la presidencia, temía que las disputas entre regiones y facciones terminaran debilitando la república. Belgrano leyó aquel texto, lo tradujo y quiso ponerlo en manos de sus conciudadanos.
La relación entre ambos escritos invita a plantear una pregunta más profunda: ¿qué convierte a una población en un pueblo capaz de alcanzar la libertad y conservarla? Para responderla, primero hay que escuchar qué decía Washington. Luego, qué escribió y qué hizo Belgrano. La unión importa para ambos, pero ninguno creyó que bastara por sí sola. Belgrano, Correo de Comercio, 19 de mayo de 1810; Washington, Farewell Address, 1796.
Washington: el pueblo crea el gobierno y debe cuidarlo
Washington hablaba a ciudadanos que ya habían conquistado la independencia. Su república contaba con una Constitución y debía elegir a quien ocuparía la presidencia después de él. Por eso comenzó anunciando que se retiraba: la continuidad del gobierno dependía de las instituciones y de la decisión de los ciudadanos, no de la permanencia de un hombre.
En la Despedida afirmó que el pueblo tiene derecho a establecer su Constitución y a modificarla. También sostuvo que, mientras esté vigente, todos deben respetarla. En su pensamiento, el pueblo es el origen de la autoridad política, pero esa autoridad necesita reglas comunes para no quedar a merced de quien pueda imponer su voluntad por la fuerza. Washington, Farewell Address.
La unión era una de esas condiciones. Los habitantes del norte, del sur y del oeste tenían intereses propios, pero habían combatido y vencido en una causa común. Washington les pidió que no permitieran que las diferencias regionales borraran esa experiencia compartida. Si dejaban de reconocerse como miembros de una misma comunidad política, pondrían en peligro la independencia que habían ganado juntos.
También advirtió sobre el espíritu de facción. Su preocupación no era la mera existencia de opiniones distintas. Era que un partido pretendiera reemplazar la voluntad del conjunto por la suya, alimentara la hostilidad entre ciudadanos y debilitara al gobierno. Esas divisiones podían convertirse, además, en una vía de entrada para la influencia extranjera. Washington, Farewell Address.
Washington añadió un punto que resulta fundamental para compararlo con Belgrano: un pueblo libre necesita conocimientos. Pidió promover instituciones que los difundieran porque, cuanto mayor fuera el peso de la opinión pública en el gobierno, más necesario sería que esa opinión estuviera informada. En la traducción de Belgrano se lee: «Es esencial que la opinión pública se ilustre». La educación no era, para Washington, un asunto separado de la libertad política. Despedida en la traducción difundida por Belgrano; texto original de Washington.
Belgrano: la desunión puede destruir hasta al más poderoso
El artículo que Belgrano publicó el 19 de mayo de 1810 llevaba por título «Causas de la destrucción o de la conservación y engrandecimiento de las naciones». En su Autobiografía lo recordó como «Origen de la grandeza y decadencia de los imperios». Correo de Comercio, 19 de mayo de 1810; Autobiografía de Belgrano.
Belgrano examinó las malas leyes, los abusos de autoridad y la corrupción como posibles causas de la ruina de las naciones. Concluyó que esos males podían conducir a otro aún más peligroso: la ruptura de la unión entre sus integrantes. Cuando los intereses particulares y las disputas internas dominaban la vida pública, la comunidad perdía recursos para resistir y quedaba expuesta a la guerra civil o a la acción de un enemigo exterior.
La unión tenía, entonces, un sentido práctico. Permitía sostenerse en la adversidad, reunir fuerzas y aprovechar oportunidades para prosperar. Belgrano no decía que desaparecieran las diferencias entre las personas o las regiones. Advertía sobre el momento en que esas diferencias impedían toda acción común. Belgrano, Correo de Comercio, 19 de mayo de 1810.
Pero Belgrano escribió antes de la Revolución de Mayo. No hablaba desde una nación argentina ya constituida. En su Autobiografía explicó que aquel artículo había satisfecho tanto a sus compañeros como al virrey Cisneros, porque cada sector interpretó a su manera el llamado a la unión. Esa ambigüedad formaba parte del momento político: todavía se disputaba el rumbo que seguirían los pueblos del Río de la Plata. Autobiografía de Belgrano.
Educar: darle al pueblo medios para progresar
Si solo leyéramos el artículo de mayo, podríamos creer que para Belgrano construir un pueblo consistía únicamente en evitar las divisiones. Sus escritos sobre educación muestran una visión más amplia.
En marzo de 1810, el Correo de Comercio había denunciado el abandono de las escuelas de primeras letras. El artículo «Educación» la presentaba como fundamento de la felicidad pública y rechazaba la idea de mantener al pueblo en la ignorancia y la pobreza para asegurar su obediencia. Planteaba, además, una pregunta directa: ¿cómo esperar trabajo, ciudadanos honrados y virtudes públicas si la enseñanza no llegaba a la población? Correo de Comercio, «Educación», 17 de marzo de 1810.
Belgrano llevó esa preocupación a una decisión concreta. En 1813 destinó el premio de cuarenta mil pesos que había recibido tras la victoria de Salta a dotar cuatro escuelas en Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero. En su reglamento reservó fondos para que los niños de familias pobres contaran con papel, tinta y libros. Belgrano, Reglamento para las cuatro escuelas, 25 de mayo de 1813.
No buscaba únicamente enseñar a leer y escribir. Pidió que los maestros alentaran el trabajo, el interés por las ciencias y una conducta orientada al bien público. Un pueblo educado tendría más posibilidades de mejorar su vida y de sostener una libertad que no dependiera solo del entusiasmo de una generación. Esa es la relación que se desprende de su artículo y de su reglamento escolar, aunque no aparezca formulada en ellos como una definición única de «pueblo». Correo de Comercio, «Educación»; Reglamento para las cuatro escuelas.
Reconocer una historia y una causa comunes
Belgrano entendía que la educación también debía transmitir memoria. Su reglamento escolar señalaba ciertas fechas para recordar acontecimientos importantes y encargaba al maestro explicar a los alumnos por qué merecían ser recordados. Esos niños debían conocer la historia que se estaba viviendo y el esfuerzo realizado por sus comunidades. Reglamento para las cuatro escuelas, art. 12.
Los símbolos respondían a otra necesidad: hacer visible una causa compartida. El 27 de febrero de 1812, Belgrano comunicó al gobierno que había mandado hacer una bandera blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela. Su oficio documenta la creación de una insignia para sus fuerzas. Vista junto con sus iniciativas educativas, esa acción permite comprender que construir una comunidad también implicaba ofrecerle formas de reconocerse. Archivo General de la Nación, documentos sobre Belgrano y la bandera.
Conviene distinguir la fuente de la interpretación: Belgrano no afirmó en su artículo de 1810 que toda nación necesitara una bandera. Sí creó una en 1812, promovió el recuerdo de hechos comunes en las escuelas y pidió formar un espíritu capaz de preferir el bien público al interés privado. Esas decisiones muestran distintas maneras de dar continuidad y sentido a la causa por la que se luchaba.
Belgrano explica por qué tradujo a Washington
La introducción que Belgrano escribió para su traducción de la Despedida permite escuchar su propósito sin necesidad de atribuírselo. Allí dijo que quería que sus conciudadanos conocieran las ideas de Washington. Contó que había recibido el texto hacia 1805, que una primera traducción se perdió durante la acción de Tacuarí y que volvió a emprenderla en plena campaña militar antes de la Batalla de Salta.
Belgrano admiraba en Washington su moderación y su patriotismo. Pero lo que más le importaba era la utilidad de sus consejos para América. Pidió a sus lectores que estudiaran el escrito con un objetivo concreto: «constituirnos en nación libre e independiente». Fechó esa introducción el 2 de febrero de 1813, poco antes de la batalla de Salta. Belgrano, introducción a la Despedida de Washington, 1813.
La frase ayuda a comprender su decisión. Belgrano no tradujo a Washington para celebrar una independencia ya asegurada. Quería que sus compatriotas pensaran cómo construirla y cómo darle bases permanentes. Mientras organizaba un ejército, se ocupaba también de difundir ideas sobre la unión, las instituciones, el conocimiento y el bien público.
No es necesario afirmar que Washington inspiró directamente el artículo de Belgrano de mayo de 1810: las fuentes no permiten demostrarlo. Lo que sí consta es que Belgrano conocía la Despedida, la consideró valiosa y quiso que circulara entre quienes estaban llamados a formar una nueva nación. Belgrano, introducción a la Despedida.
Construir una patria capaz de perdurar
Washington habló a ciudadanos que ya habían conquistado la independencia y establecido una Constitución. Les advirtió que la libertad podía perderse si las facciones destruían la unión, si se debilitaba el respeto por las instituciones o si la opinión pública carecía de conocimientos para juzgar los asuntos comunes. Washington, Farewell Address, 1796.
Belgrano enfrentó una tarea distinta y más abierta: contribuir a que las ciudades y los habitantes del Río de la Plata llegaran a reconocerse en una causa propia. Su respuesta no se agotaba en pedir unión ni en crear una bandera. Había que educar a la población, darle oportunidades de trabajo y progreso, desarrollar la economía y formar autoridades que sirvieran al interés general.
Esas preocupaciones aparecen a lo largo de sus escritos. Desde el Consulado propuso fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio; en el Correo de Comercio defendió la enseñanza y señaló los peligros de las malas leyes, los abusos y la pérdida de la justicia. Más tarde destinó el premio de Salta a fundar escuelas. No dejó un único documento que reuniera un «plan de construcción de la patria»: la continuidad de ese proyecto se reconoce al leer juntas sus propuestas y sus decisiones, atendiendo a las distintas circunstancias en que fueron formuladas. Belgrano, memoria consular de 1796; Correo de Comercio, 19 de mayo de 1810; Reglamento para las cuatro escuelas, 1813.
En esa perspectiva, un pueblo no se construye solo porque sus habitantes compartan un territorio o se unan frente a un enemigo. Necesita aprender a gobernarse, producir los recursos para sostenerse, reconocer una historia común y confiar en que el poder público actuará con justicia. La unión que Belgrano reclamaba debía tener un propósito: hacer posible una vida colectiva más libre y próspera.
Allí reside la fuerza de la comparación. Washington se preguntó cómo impedir que una república ya fundada se deshiciera por sus divisiones. Belgrano se preguntó, además, cómo reunir a comunidades dispersas y darles las condiciones para fundar una patria. Para ambos, la libertad exigía una tarea que continuaba después de la victoria: formar ciudadanos y sostener un gobierno capaz de servir al pueblo.
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Bibliografía
Archivo General de la Nación. (s. f.). Documentos históricos sobre Manuel Belgrano. https://www.argentina.gob.ar/interior/archivo-general/manuel-belgrano-2020/seleccion-documental
Belgrano, M. (1796, 15 de julio). Memoria sobre la agricultura, la industria y el comercio [Memoria presentada al Consulado de Buenos Aires]. Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe. https://adhilac.com.ar/?p=1451
Belgrano, M. (1810, 19 de mayo). Causas de la destrucción o de la conservación y engrandecimiento de las naciones. Correo de Comercio. https://es.wikisource.org/wiki/Correo_de_Comercio:_19_de_mayo_de_1810/1
Belgrano, M. (1813, 2 de febrero). Introducción a la Despedida de Washington al pueblo de los Estados Unidos. Instituto Nacional Sanmartiniano. https://sanmartiniano.cultura.gob.ar/noticia/despedida-de-washington-al-pueblo-de-los-eeuu/
Belgrano, M. (1813, 25 de mayo). Reglamento para las cuatro escuelas. Educ.ar. https://cdn.educ.ar/repositorio/Download/file?file_id=bb1ca8a6-12c4-4a05-9f8c-36113c46275b
Belgrano, M. (2020). Autobiografía de Manuel Belgrano (A. Morea, comentarios; 1.ª ed. revisada). Ministerio de Cultura de la Nación. https://bnm.educacion.gob.ar/digital/libros/1-autobiografia.pdf
Educación. (1810, 17 de marzo). Correo de Comercio. https://es.wikisource.org/wiki/Correo_de_Comercio:_17_de_marzo_de_1810/2
Washington, G. (1796, 19 de septiembre). Farewell Address. Founders Online, National Archives. https://founders.archives.gov/documents/Washington/05-20-02-0440-0002




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