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DE BELGRANO AL SOL

Cómo evolucionó realmente la bandera argentina entre 1812 y 1818

La bandera argentina no apareció terminada en un único día. El 27 de febrero de 1812 Manuel Belgrano creó una enseña blanca y celeste; en 1813 aquellos colores comenzaron a afirmarse en el Ejército y en el lenguaje público de la Revolución; durante 1815 fueron descritos expresamente en instrucciones navales; en julio de 1816 el Congreso los convirtió en distintivo legal de la nueva nación y, en febrero de 1818, incorporó un Sol como signo particular de la bandera de guerra.

Esta secuencia obliga a distinguir tres cuestiones que muchas veces se presentan como si fueran una sola: la creación de la bandera por Belgrano, la difusión de sus colores y su posterior reglamentación por el Congreso. Los documentos muestran un proceso progresivo, con avances, prohibiciones, usos militares y decisiones legales. También demuestran que no conocemos con certeza absoluta el diseño exacto de la primera bandera levantada en Rosario.


1812: de la escarapela a una bandera propia

El 13 de febrero de 1812, mientras organizaba las baterías destinadas a defender las costas del Paraná, Belgrano solicitó al Primer Triunvirato que estableciera una escarapela común para las tropas revolucionarias. Necesitaba evitar que sus soldados llevaran distintivos semejantes a los utilizados por el enemigo. El Gobierno aceptó la propuesta y, el 18 de febrero, reconoció como escarapela nacional la de colores blanco y azul celeste.1

Nueve días después, el 27 de febrero, Belgrano inauguró las baterías Libertad e Independencia en las proximidades de Rosario. Ante la necesidad de contar con un pabellón, tomó una decisión que excedía la autorización recibida para la escarapela y comunicó al Gobierno:

“Siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola, la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional”.2

El documento fija con claridad los colores, pero no describe la distribución de las franjas, su orientación, sus proporciones ni la intensidad exacta del celeste. Por eso no puede afirmarse documentalmente que la bandera izada aquel día fuera idéntica a la actual. Las representaciones posteriores —dos franjas, tres franjas, disposición horizontal o vertical— son reconstrucciones apoyadas en testimonios e imágenes posteriores, no una descripción incluida en el oficio del 27 de febrero.

El Gobierno consideró inconveniente el acto. La Revolución todavía gobernaba formalmente en nombre de Fernando VII y una bandera propia podía interpretarse como una declaración anticipada de independencia. El 3 de marzo ordenó a Belgrano ocultarla y emplear el pabellón utilizado en el Fuerte de Buenos Aires. La orden no lo encontró en Rosario: ya había partido para reemplazar a Juan Martín de Pueyrredón al frente del Ejército Auxiliador del Perú.3

Este dato también permite precisar los cargos de ambos hombres. En febrero de 1812 Pueyrredón era el jefe del Ejército Auxiliador —habitualmente denominado Ejército del Norte— y Belgrano se encontraba al mando de las fuerzas destinadas a proteger el Paraná. El 27 de febrero, el Gobierno dispuso que Belgrano marchara al norte para hacerse cargo del Ejército y relevara a Pueyrredón.3


25 de mayo de 1812: Belgrano habla de una “bandera nacional”

Sin haber recibido todavía la prohibición del 3 de marzo, Belgrano volvió a presentar la enseña en San Salvador de Jujuy. El 25 de mayo de 1812, durante la celebración del segundo aniversario de la Revolución, el canónigo Juan Ignacio Gorriti la bendijo y las tropas prestaron juramento. En su proclama, Belgrano empleó una expresión de enorme trascendencia: “bandera nacional”.3

Aquellas palabras revelan el significado que él atribuía al símbolo. No lo consideraba simplemente una insignia de su unidad militar, sino la representación de una comunidad política que buscaba distinguirse de las demás naciones. Sin embargo, esa convicción personal todavía no equivalía a una adopción legal por parte del Gobierno.

Cuando el Triunvirato conoció lo sucedido, volvió a reprenderlo. Belgrano respondió el 18 de julio que había ignorado la orden anterior y aseguró que guardaría la bandera. Su contestación reiteró que era “blanca y celeste”. La prudencia política del Gobierno frenó momentáneamente su exhibición, pero no consiguió eliminar los colores que ya comenzaban a identificarse con la Revolución.3


1813: juramento, combate y “pabellón de la patria”

La caída del Primer Triunvirato y la instalación de la Asamblea General Constituyente modificaron el escenario. El 13 de febrero de 1813, a orillas del río Pasaje —desde entonces asociado al nombre de Juramento—, el Ejército del Norte juró obediencia a la Asamblea. La ceremonia se realizó ante una bandera blanca y celeste sostenida por Belgrano. Siete días después, esa enseña acompañó al Ejército en la victoria de Salta.4

El 6 de marzo de 1813, el número 2 de El Redactor de la Asamblea publicó la reseña de la sesión del 4 de marzo. Al referirse a la comparecencia del Gobierno y a las felicitaciones motivadas por la victoria de Salta, afirmó que este celebraba:

“Ver exaltado el pabellón de la patria en el primer período de su feliz instalación”.5

La frase es una evidencia contemporánea del empleo oficial de la expresión “pabellón de la patria”. Pero su alcance debe formularse con cuidado: el pasaje no describe la ceremonia realizada junto al río Pasaje, no establece la forma del paño y tampoco constituye una ley de adopción de la bandera. Demuestra que, en marzo de 1813, el lenguaje público de la Revolución ya vinculaba un pabellón propio con la patria y con los triunfos de su ejército.


Las banderas de Macha: dos testimonios materiales y una atribución discutida

En la campaña del Alto Perú se utilizaron enseñas blancas y celestes. Dos de los ejemplares más antiguos que se conservan fueron encontrados en la capilla de Titiri, en la región boliviana de Macha, ocultos detrás de unos cuadros religiosos. Se los conoce colectivamente como las banderas de Macha.6

Una de ellas, conservada en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires y denominada también bandera de Ayohuma o bandera A, posee tres franjas horizontales: celeste, blanca y celeste. La otra, preservada en el Museo Casa de la Libertad de Sucre y conocida como bandera de Macha o bandera B, presenta la disposición inversa: blanca, celeste y blanca.6

La existencia de ambas piezas demuestra que durante la guerra circularon diferentes disposiciones de los mismos colores. No prueba, en cambio, cuál fue el diseño de la bandera izada en Rosario. El propio Museo Histórico Nacional señala que su atribución directa a Belgrano ha generado controversias y que el Instituto Nacional Belgraniano considera insuficiente la documentación disponible para identificar cualquiera de ellas como la primera bandera.6

Por lo tanto, la formulación más rigurosa no es afirmar que “son las banderas que Belgrano escondió”, sino que fueron encontradas en un lugar vinculado con la retirada posterior a Ayohuma, que pertenecen al ciclo de las guerras de independencia y que tradicionalmente han sido relacionadas con el Ejército dirigido por Belgrano. Su valor histórico es indudable; su identificación exacta continúa discutida.


1814 y 1815: los colores ingresan en las disposiciones oficiales

La adopción de los colores avanzó antes de que existiera una ley general sobre la bandera. El 26 de enero de 1814 se estableció para el Director Supremo una banda de color blanco en el centro y azul en los costados. El antecedente es significativo para la disposición cromática, pero debe ser llamado correctamente: se trataba de una banda o divisa del jefe del Estado, no de una bandera nacional.7

Durante 1815, las instrucciones reservadas entregadas a los corsarios describieron expresamente el pabellón que debía utilizarse al entrar en combate:

“Si se trabase combate, se tremolará al tiempo de él el pabellón de las Provincias Unidas, a saber, blanco en el centro y celeste en sus extremos al largo”.8

La fórmula aparece asociada a distintas expediciones navales y, entre ellas, a la campaña organizada por Guillermo Brown.

Las instrucciones del 2 de septiembre de 1815 citadas en la bibliografía naval fueron entregadas a Miguel Brown, comandante del bergantín Santísima Trinidad. Miguel era hermano de Guillermo Brown, quien dirigía la división corsaria y comandaba directamente la fragata Hércules.8 Esta precisión evita confundir a ambos marinos.

El documento posee gran importancia porque no se limita a nombrar los colores: también determina su colocación, con el blanco central y el celeste en los extremos longitudinales.

No corresponde, sin embargo, presentarlo sin reservas como “el primer documento existente” con esa distribución. La investigación permite considerarlo uno de los primeros textos oficiales localizados que describen de manera inequívoca un pabellón con el blanco en el centro y el celeste en sus extremos. Una afirmación absoluta exigiría comprobar la totalidad de las órdenes militares, navales y administrativas anteriores que pudieran conservarse en diferentes archivos.

Estas instrucciones prueban que en 1815 el Directorio reconocía un “pabellón de las Provincias Unidas” y reglamentaba su empleo en combate, aun cuando todavía no existía una ley general del Congreso que definiera la bandera de la nación. El uso político y militar se adelantó, una vez más, a la formalización jurídica.


1816: el Congreso convierte el uso en norma

La declaración de la Independencia del 9 de julio de 1816 hizo indispensable establecer un distintivo propio. En la sesión del 20 de julio, el Congreso trató la necesidad de fijar la bandera y aprobó la moción correspondiente. El 25 de julio adoptó la redacción definitiva del decreto.9

El texto dispuso:

“Elevadas las Provincias Unidas en Sud América al rango de una nación, después de la declaratoria solemne de su independencia, será su peculiar distintivo la bandera celeste y blanca de que se ha usado hasta el presente, y se usará en lo sucesivo exclusivamente en los ejércitos, buques y fortalezas, en clase de bandera menor, ínterin, decretada al término de las presentes discusiones la forma de gobierno más conveniente al territorio, se fijen conforme a ella los jeroglíficos de la bandera nacional mayor”.9

La diferencia entre el 20 y el 25 de julio no debe resolverse eligiendo arbitrariamente una fecha. El 20 de julio se adoptó la decisión política; el 25 se aprobó la redacción del decreto que la instrumentó. Por eso ambas fechas aparecen en los estudios, aunque se refieren a momentos distintos del mismo procedimiento legislativo.

El Congreso tampoco creó desde cero una enseña nueva. Su propia fórmula —“de que se ha usado hasta el presente”— reconocía una práctica anterior. La bandera nacida con Belgrano, difundida por los ejércitos y empleada en operaciones navales recibió finalmente respaldo legal después de la declaración de la Independencia.

La norma la denominó “bandera menor” y reservó para el futuro la definición de los “jeroglíficos” que corresponderían a la bandera nacional mayor, una vez determinada la forma definitiva de gobierno.


1817: una bandera reconocida y una distinción todavía pendiente

Durante 1817 continuó utilizándose la bandera celeste y blanca. El problema ya no era la legitimidad de sus colores, sino la falta de una señal que permitiera diferenciar a los buques y establecimientos militares de los mercantes. La norma de 1816 había anunciado una futura bandera mayor, pero no había fijado sus emblemas.

El 25 de junio de 1817, las instrucciones concedidas para la expedición corsaria de la fragata La Argentina, capitaneada por Hipólito Bouchard y armada por Vicente Anastasio Echevarría, volvieron a ordenar que, al entrar en combate, se utilizara el pabellón de las Provincias Unidas:

“Blanco en su centro y celeste en sus extremos al largo”.10

La continuidad de la fórmula demuestra que aquella disposición ya funcionaba como identificación oficial en el mar.

La bandera también se proyectaba fuera del territorio rioplatense. Los ejércitos y corsarios la llevaban consigo por el Alto Perú, Chile, el Pacífico y otros espacios de la guerra americana. Antes de que su diseño estuviera minuciosamente reglamentado, sus colores ya representaban a las Provincias Unidas frente a aliados, enemigos y poblaciones extranjeras.


1818: Pueyrredón solicita una definición

La coexistencia de buques militares y mercantes bajo una misma enseña generaba dificultades prácticas. Por eso, el 9 de enero de 1818, el director supremo Juan Martín de Pueyrredón pidió al Congreso que precisara qué banderas debían utilizar los buques de guerra, las fortalezas y los barcos mercantes.

En su consulta solicitó:

“Se digne resolver la distinción que estime oportuna en el uso de las banderas de este Estado, ordenándome cuáles sean las que deben tremolarse en las plazas, fuertes y buques de guerra del Estado y cuáles en los mercantes de la misma nación, pues en el día es solo una la que se usa con unos y otros, causando equivocaciones perjudiciales”.11

La consulta demuestra que a comienzos de 1818 existía una bandera reconocida y utilizada por el Estado, pero no una diferenciación suficiente entre sus empleos militares y mercantes.


El Sol nace como distintivo de la bandera de guerra

El asunto fue estudiado por el diputado Luis José Chorroarín. En la sesión del 25 de febrero de 1818 propuso:

“Que sirviendo para toda bandera nacional los dos colores blanco y azul en el modo y forma hasta ahora acostumbrados, sea distintivo peculiar de la bandera de guerra un Sol pintado en medio de ella”.9

El Congreso aprobó el proyecto.

La literalidad del documento es decisiva. La resolución no declaró que la bandera con Sol reemplazara a la adoptada en 1816. Tampoco la denominó “bandera de Mayo” ni estableció que todos los habitantes debieran utilizarla. Confirmó los dos colores para toda bandera nacional y agregó el Sol específicamente como “distintivo peculiar de la bandera de guerra”.

Por eso, cuando se describe la resolución de 1818, la denominación documental correcta es “bandera de guerra”. La identificación de esta enseña con la “bandera nacional mayor” anunciada en 1816 constituye una interpretación historiográfica posterior, razonable por la evolución que tuvieron ambas categorías, pero no una expresión utilizada en la resolución del 25 de febrero.

El documento tampoco define la forma gráfica del astro. No indica su color, sus dimensiones, la presencia de un rostro ni la cantidad o disposición de sus rayos. Se limita a ordenar “un Sol pintado en medio de ella”.

La asociación con el Sol de las monedas acuñadas en Potosí a partir de 1813 y la posterior fijación de sus treinta y dos rayos —dieciséis rectos y dieciséis flamígeros— pertenecen al desarrollo posterior del símbolo. No deben proyectarse automáticamente sobre un texto de 1818 que no contiene esas especificaciones.12


¿La bandera con Sol reemplazó a la bandera de Belgrano?

Los documentos no permiten afirmar que la bandera con Sol reemplazara jurídicamente a la creada por Belgrano.

En 1816, el Congreso reconoció como distintivo de la nación la bandera celeste y blanca “de que se ha usado hasta el presente”. En 1818 confirmó que los colores blanco y azul continuarían sirviendo para toda bandera nacional y estableció el Sol como signo particular de la bandera de guerra.

La resolución de 1818 no derogó la norma anterior, no eliminó la enseña sin Sol y no declaró que el Sol debiera incorporarse a todas las banderas. En consecuencia, la bandera menor sin Sol y la bandera de guerra con Sol coexistieron porque cumplían funciones diferentes.

Con el paso del tiempo, la enseña con Sol quedó asociada al Estado, a las fortalezas y a las Fuerzas Armadas, mientras que la bandera sin Sol se empleó en los ámbitos mercantes y civiles. Esa evolución acercó progresivamente la bandera de guerra a la categoría de bandera nacional mayor, pero ese resultado no apareció completamente definido en febrero de 1818.


Una bandera construida a lo largo de seis años

Entre 1812 y 1818 la bandera recorrió un camino que fue al mismo tiempo militar, político y jurídico. Belgrano creó una enseña blanca y celeste porque consideró inconcebible continuar combatiendo bajo los colores del enemigo. El Gobierno intentó frenarla por razones diplomáticas; el Ejército la convirtió en objeto de juramento; las victorias y las campañas extendieron su significado; las disposiciones navales precisaron su uso y su distribución; el Congreso independiente reconoció legalmente los colores y, finalmente, el Sol distinguió a la bandera de guerra.

La bandera argentina, por lo tanto, no fue producto de una única resolución ni apareció en 1818 para sustituir a la de Belgrano. Nació de un acto creador en 1812, se consolidó mediante el uso y fue reglamentada por etapas.

La enseña sin Sol aprobada en 1816 y la bandera de guerra con Sol establecida en 1818 coexistieron porque respondían originalmente a funciones distintas. La identificación posterior entre bandera de guerra, bandera mayor y bandera oficial fue el resultado de una evolución normativa e historiográfica más prolongada.

Comprender ese desarrollo no debilita el relato nacional. Por el contrario, permite reconocer algo más profundo: antes de que la ley pudiera definirla por completo, la bandera ya había sido levantada, bendecida, jurada, llevada al combate y reconocida por quienes estaban construyendo una nación.


Secuencia documental comprobada

Fecha

Documento o acontecimiento

Qué permite afirmar

18 de febrero de 1812

Resolución del Primer Triunvirato

Reconoció la escarapela blanca y azul celeste.

27 de febrero de 1812

Oficio de Belgrano desde Rosario

Belgrano mandó hacer una bandera blanca y celeste, pero no describió su diseño.

3 de marzo de 1812

Orden del Triunvirato

El Gobierno ordenó ocultar la nueva bandera.

25 de mayo de 1812

Bendición y jura en Jujuy

Belgrano la llamó “bandera nacional”; todavía no era una adopción legal general.

13 de febrero de 1813

Jura junto al río Pasaje

El Ejército juró obediencia a la Asamblea ante una bandera blanca y celeste.

4 y 6 de marzo de 1813

Sesión y publicación de El Redactor

Aparece la expresión “pabellón de la patria”, pero no describe el acto del río Pasaje.

1813

Banderas de Macha

Conservan dos distribuciones: celeste-blanca-celeste y blanca-celeste-blanca. Su atribución precisa continúa discutida.

26 de enero de 1814

Banda del Director Supremo

Presentaba blanco central y azul en los costados, pero era una divisa personal, no una bandera.

1815

Instrucciones a corsarios

Describen el pabellón blanco en el centro y celeste en los extremos.

20 de julio de 1816

Resolución del Congreso

Se adoptó la decisión política de reconocer la bandera.

25 de julio de 1816

Decreto del Congreso

Se aprobó la bandera celeste y blanca como bandera menor.

25 de junio de 1817

Instrucciones para La Argentina

Reiteran el blanco central y el celeste en los extremos.

9 de enero de 1818

Consulta de Pueyrredón

Solicitó diferenciar las banderas militares de las mercantes.

25 de febrero de 1818

Resolución del Congreso

Incorporó el Sol como distintivo peculiar de la bandera de guerra.


Fuentes y accesos

  1. Ministerio de Cultura de la Nación, “Primer enarbolamiento de la bandera nacional”. La página reproduce los oficios relacionados con la solicitud y el reconocimiento de la escarapela. ↩

  2. Archivo General de la Nación, oficio de Manuel Belgrano al Gobierno del 27 de febrero de 1812. Como acceso institucional alternativo puede consultarse “Primer enarbolamiento de la bandera nacional”. ↩

  3. Bartolomé Mitre, Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina, tomo II, disponible en Internet Archive y en el índice digital de Wikisource. Como síntesis institucional con transcripciones, véase Ministerio de Cultura. ↩ ↩2 ↩3 ↩4

  4. Ministerio de Cultura de la Nación, “Primer enarbolamiento de la bandera nacional”. Para el testimonio memorialístico de Lorenzo Lugones debe consultarse Recuerdos históricos sobre las campañas del Ejército Auxiliador del Perú. ↩

  5. El Redactor de la Asamblea, n.º 2, sesión del jueves 4 de marzo de 1813, edición del 6 de marzo de 1813, p. 7. Acceso al volumen facsimilar completo. También se encuentra disponible la digitalización de la Cámara de Diputados de Santa Fe. En la copia digital debe localizarse el número 2 y luego la página 7 de la numeración impresa. ↩

  6. Museo Histórico Nacional, “Las banderas de Macha” y “Bandera de Macha”. Véase también Argentina.gob.ar: “Día de la Bandera: cómo se restauró la Bandera de Macha”. ↩ ↩2 ↩3

  7. El antecedente de la banda directorial debe interpretarse como una divisa del Director Supremo y no como la reglamentación de una bandera nacional. Puede consultarse la secuencia y sus referencias documentales en “Historia de la bandera de Argentina”, utilizando la enciclopedia solamente como guía hacia sus fuentes. ↩

  8. María Cristina Morán, “Guillermo Brown, en el bicentenario de nuestra independencia”, Revista del Notariado. El estudio reproduce las instrucciones, identifica a Miguel Brown como comandante de la Santísima Trinidad y a Guillermo Brown como jefe de la división. ↩ ↩2

  9. El Redactor del Congreso Nacional, sesiones del 20 y 25 de julio de 1816 y del 25 de febrero de 1818. Puede consultarse una transcripción en “Actas aprobando el uso de la bandera – Congreso de Tucumán”. Esa página contiene una referencia editorial equivocada al colocar la resolución de 1818 dentro de un número fechado en 1816. Para una cita académica debe mencionarse directamente la sesión del 25 de febrero de 1818 y cotejarse con el volumen correspondiente de El Redactor del Congreso Nacional. ↩ ↩2 ↩3

  10. Las instrucciones del 25 de junio de 1817 para la expedición de Bouchard están reproducidas en María Cristina Morán, “Guillermo Brown, en el bicentenario de nuestra independencia”, y en este estudio disponible en el Repositorio Hipermedial de la Universidad Nacional de Rosario. ↩

  11. Cámara de Diputados de la Nación, expediente 1521-D-2017, que reproduce la consulta del Director Supremo y la respuesta del Congreso. Como referencia complementaria puede consultarse “El Congreso de Tucumán y la bandera”. ↩

  12. La resolución de 1818 únicamente menciona “un Sol pintado en medio de ella”. Para el texto puede consultarse la transcripción de las actas y, para su evolución normativa, el expediente 1521-D-2017 de la Cámara de Diputados de la Nación. ↩




 
 
 

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