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ENTRE LA CESIÓN Y EL ESPEJISMO: LOS OTROS CAMINOS, NO BÉLICOS, OLVIDADOS POR MALVINAS


La historia también guarda pasillos ocultos. No todo ocurre bajo las luces del Congreso ni entre aplausos de salón. Hay decisiones que se susurran en despachos en penumbra, que se dibujan en servilletas diplomáticas y se esconden en sobres sin remitente. Las Malvinas, esas islas de viento y memoria, también tuvieron rutas hacia la paz. Atajos discretos, audaces, que nunca se transitaron. Uno fue el condominio o independencia compartida, una fórmula de doble bandera y paciencia estratégica, lo explicaré en detalle en otro artículo.


Pero hubo más. Dos caminos más. Menos conocidos, más racionales, igual de olvidados. El retroarriendo y la fórmula de “una isla, dos sistemas”. Caminos que se pensaron cuando aún se podía elegir tinta en vez de pólvora.


Años después, Fernando Petrella —exvicecanciller, hombre de corbata sobria y mirada de Estado— lo diría sin rodeos: “Hubo tres opciones concretas entre 1965 y 1982. Tres caminos que no se tomaron. Tres oportunidades que naufragaron en el laberinto de la política” (Petrella, Infobae, 2022).


El condominio fue una. Las otras: el retroarriendo y una fórmula a lo Hong Kong. El primero parecía una trampa elegante. El segundo, un espejismo oriental en pleno Atlántico Sur. Ambos, intentos de bordear la guerra con diplomacia.

 

El retroarriendo: alquilar para recuperar


Retroarriendo. Una palabra que suena a papeles viejos, a contratos notariales, a letra chica de escribano inglés. Pero en la jerga diplomática, fue una de las propuestas más sensatas —y más audaces— que se barajaron. El plan era claro: el Reino Unido transfería formalmente la soberanía de las Malvinas a la Argentina, reconociendo que, según la Resolución 2065 de la ONU, había un conflicto por resolver. Pero al mismo tiempo, Argentina “alquilaba” las islas a Londres por 99 años, como una concesión simbólica y práctica, para garantizar la continuidad del estilo de vida de los isleños y evitar un conflicto inmediato (Franks Report, 1983).


La fórmula tenía antecedentes. Se había usado en acuerdos complejos, como la devolución de Okinawa por parte de EE.UU. a Japón en 1972, o ciertos arreglos territoriales posguerra en Europa (Michael Charlton, 1989).


La clave estaba en la palabra "simbolismo". Argentina recuperaba su soberanía histórica, la bandera celeste y blanca flameaba en los mapas oficiales, y en paralelo se garantizaba a los británicos el uso pleno de las islas por un siglo. Una entrega que parecía cesión, pero era un acto diplomático reversible. Un triunfo diferido.


Los detalles eran minuciosos: propiedad privada intacta, administración local preservada, instituciones británicas, nombres de calles y costumbres respetadas (UK Foreign Office Document, “Proposal for a Lease-back Arrangement”, 1975).


Pero había un problema: el orgullo.


En 1973, Perón había vuelto con la convicción de que las Malvinas retornarían “sin disparar un tiro”. Sin embargo, en su entorno, la idea de alquilar el territorio recuperado sonaba a derrota disfrazada. Algunos decían que era "como recuperar una casa heredada y entregársela al usurpador por un siglo" (Carlos Ortiz de Rozas, 2001).


La propuesta no fue rechazada formalmente. Simplemente fue engavetada. Murió de indecisión. El temor al costo político, la falta de consenso interno, y la presión de sectores militares sellaron su destino.


Petrella lo resumiría con una frase demoledora: “Argentina no supo esperar. Siempre quiso todo, de inmediato” (Petrella, 2022). Y las Malvinas, en la lógica diplomática, no se recuperaban con apuro. Se recuperaban con paciencia.


¿Cuánto costó no aceptar el retroarriendo? ¿Cuántas vidas hubiéramos salvado si una fórmula a lo Hong Kong hubiera florecido en el Atlántico Sur? 649 soldados argentinos, 255 británicos, las islas y archipielagos arrasadas, decenas de veteranos suicidados en silencio. Y todo eso, quizás, por no abrir un cajón a tiempo.

 

Una sola isla, dos sistemas: el espejo de Hong Kong


(1976–1977, idea teórica inspirada en el modelo de Hong Kong, considerada por diplomáticos argentinos pero nunca elevada oficialmente al Reino Unido)


El tercer camino fue el más audaz, y también el más exótico. Inspirado en el modelo que China y el Reino Unido diseñaron para Hong Kong: una isla, dos sistemas.


En el modelo original aplicado en Hong Kong, la soberanía formal regresaba a China, pero se mantenía un sistema capitalista, británico y democrático durante 50 años. En el caso de Malvinas, los diplomáticos argentinos consideraban una adaptación: soberanía argentina, pero con continuidad del sistema de vida británico en las islas, garantizando autonomía judicial, educativa y administrativa para los isleños (ISEN, 1992).


La idea era simple: recrear eso mismo en el Atlántico Sur.


Argentina recuperaba la soberanía formal de las Malvinas, pero durante medio siglo los isleños vivían como británicos. Sistema educativo, leyes, parlamento, medios, costumbres. Un "status especial" bajo bandera argentina. Como si las islas fueran un país autónomo dentro del país (ISEN, 1992).


El modelo ya existía, y Londres lo respetaba. Para ellos, podía ser una forma elegante de retirarse. Para Argentina, un modo de marcar presencia sin provocar rebeldías.


Pero la propuesta tenía un enemigo silencioso: el tiempo.


Requería décadas de maduración, voluntad política firme y una sociedad que aceptara la complejidad. Ninguna de esas condiciones se cumplía.


La Argentina atravesaba golpes de Estado, violencia interna y una diplomacia reemplazada por uniformes. Todo intento de acuerdo se volvió inviable (David Rock, 1987).


Sin embargo, incluso hoy, cuando se intenta reabrir el diálogo, la fórmula tipo Hong Kong vuelve como opción. Incómoda, pero posible (Richard Gott, 2011).


La historia no se escribe solo con victorias ni con guerras. A veces, se construye en los márgenes del archivo, en lo que se pudo haber firmado y no se firmó. Hoy, desempolvar estos acuerdos no es nostalgia: es estrategia. Porque entre la sangre y la tinta, el mañana siempre prefiere la tinta.


Como señaló el Foreign Office en 1975: “No existe objeción de principio a la transferencia de soberanía si se garantiza una administración británica por 99 años”. Esa frase, perdida entre memorandos, podría haber cambiado el curso de nuestra historia.

Comparativa de las tres propuestas diplomáticas por Malvinas (1965–1982)

 

Propuesta

Impulsor

Estado y destino final

Condominio

Reino Unido (embajador James Hutton, 1974)

Entregada formalmente a Perón. Archivada tras su fallecimiento.

Retroarriendo

Reino Unido (Foreign Office, 1975)

Alternativa oficial. Nunca aceptada por Argentina. Archivada.

Una isla, dos sistemas

Diplomáticos argentinos (1976–77)

Idea teórica. Nunca elevada oficialmente al Reino Unido.

 

¿Por qué no prosperaron?


Condominio (1974)

La propuesta llegó en un momento de apertura diplomática, pero la muerte de Perón apenas tres semanas después dejó el plan huérfano de liderazgo. Isabel Perón no tenía el peso político ni el respaldo interno para sostener un acuerdo de esa magnitud. El Reino Unido desconfió de su gobierno, y se retiró de la mesa.

 

Retroarriendo (1975)

Aunque era una fórmula realista y pragmática, la idea de "alquilar" las islas por 99 años fue rechazada de facto por el orgullo nacional. El gobierno argentino nunca respondió oficialmente. Sectores militares y nacionalistas consideraron inadmisible esa cesión temporal. El costo político era alto, y la propuesta fue archivada sin debate público.

 

Una isla, dos sistemas (1976–77)

Fue solo una idea teórica, inspirada en el caso de Hong Kong. Nunca se formalizó ni se presentó a Londres. Requería estabilidad institucional, tiempo prolongado y madurez política. Ninguna de esas condiciones existía en una Argentina convulsionada por golpes de Estado, represión y fragmentación interna.

 

Cronología de caminos diplomáticos explorados (1965–1982)

• 1965: Resolución 2065 de la ONU insta al diálogo por Malvinas.

• 1974: Propuesta de condominio presentada a Perón por James Hutton.

• 1975: El Foreign Office redacta el plan de retroarriendo.

• 1976–77: Se analiza el modelo tipo Hong Kong en círculos diplomáticos                        argentinos.

• 1982: Guerra de Malvinas.

 

Bibliografía:

·      Fernando Petrella, declaraciones a Infobae (2022) y Perfil (2014).

·      Carlos Ortiz de Rozas, Confidencias diplomáticas, Buenos Aires, 2001.

·      Franks Report (Falkland Islands Review Committee Report), Londres, 1983.

·      Michael Charlton, The Last Colony in the World?, Londres, 1989.

·      UK Foreign Office, “Proposal for a Lease-back Arrangement – South Atlantic Department”, 1975.

·      Declaración Conjunta Sino-Británica sobre Hong Kong, 1984.

·      ISEN, publicaciones internas, Instituto del Servicio Exterior de la Nación, 1992.

·      Richard Gott, Britain’s Empire: Resistance, Repression and Revolt, Verso, 2011.

·      David Rock, Argentina, 1516–1987: From Spanish Colonization to Alfonsín, University of California Press, 1987.

·      The Guardian Archive y Daily Mail, coberturas diplomáticas (1974–1976 y 2022).



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