JUAN BAUTISTA CABRAL: EL SOLDADO DETRÁS DE LA LEYENDA
- Roberto Arnaiz
- hace 5 horas
- 11 min de lectura
Entre los documentos, la memoria y el bronce
Cada 3 de febrero, la Marcha de San Lorenzo devuelve a los argentinos una escena profundamente arraigada en la memoria nacional. El caballo de José de San Martín cae en medio del combate, el coronel queda atrapado bajo el animal y un granadero llamado Juan Bautista Cabral acude en su auxilio. Herido de muerte, alcanza a pronunciar unas palabras que atravesarán generaciones: “Muero contento; hemos batido al enemigo”.
El relato reúne todos los elementos de una epopeya: un jefe en peligro, un soldado humilde que sacrifica su vida y una frase capaz de expresar el sentido del deber. Sin embargo, cuando se examinan los documentos de la época, surgen preguntas que no disminuyen la grandeza de Cabral, pero obligan a distinguir al hombre histórico de la figura modelada por la tradición.
Cabral existió, perteneció al Regimiento de Granaderos a Caballo y murió como consecuencia de las heridas recibidas en San Lorenzo. No obstante, nunca fue sargento, su nombre no aparece en el primer parte de la acción, desconocemos en qué idioma pronunció sus últimas palabras y resulta imposible identificar sus huesos entre los restos de sus compañeros. Su verdadera historia se encuentra en el espacio que separa esas certezas de las versiones construidas durante más de dos siglos.
Un nacimiento rodeado de interrogantes
Juan Bautista Cabral habría nacido entre 1788 y 1790 en la zona de Saladas, dentro de la jurisdicción de Corrientes. La fecha del 24 de junio de 1789, repetida en numerosas biografías, procede de la tradición y no de una partida de bautismo conocida. Los registros parroquiales que permitirían comprobarla se perdieron, de modo que tampoco existe absoluta certeza sobre el lugar preciso de su nacimiento.
Durante años se afirmó que era hijo de la esclava Carmen Robledo y de un indígena guaraní. Otras versiones lo definieron como zambo, mulato o liberto. Las investigaciones realizadas por Matías González y Julio Romay en el Archivo Histórico de Corrientes localizaron escrituras relacionadas con la compraventa de personas esclavizadas pertenecientes a su entorno familiar. A partir de ellas, González sostiene que tanto el padre como la madre de Cabral eran afrodescendientes sometidos a esclavitud.
El apellido tampoco permite establecer por sí mismo una filiación biológica. En la sociedad colonial era frecuente que las personas esclavizadas, sus descendientes o quienes vivían bajo la dependencia de una casa adoptaran el apellido de sus propietarios. Cabral habría recibido el de la familia en cuya estancia creció y trabajó.
Su vida anterior al Ejército dejó pocas huellas porque pertenecía a uno de los sectores más postergados de aquella sociedad. No formaba parte de las familias que producían testamentos, correspondencia, retratos o memorias. Como tantos hombres de su tiempo, trabajó durante años sin ocupar espacio en los archivos y solo ingresó en la documentación cuando fue incorporado al servicio militar.
De Corrientes al cuartel de Retiro
En 1812, mientras San Martín organizaba el Regimiento de Granaderos a Caballo, el Gobierno solicitó reclutas a las provincias. Corrientes reunió un contingente de jóvenes que partió hacia Buenos Aires bajo las órdenes de Juan Bautista Parrety. Entre ellos figuraba un hombre identificado como “Baptista Cabral”.
El grupo salió el 3 de noviembre de 1812 y llegó a la capital dieciséis días después. Cabral fue destinado a la Primera Compañía del Primer Escuadrón de Granaderos a Caballo. Tenía aproximadamente veintitrés años y, aunque todavía no podía saberlo, le quedaban menos de tres meses de vida.
En el cuartel de Retiro recibió la intensa preparación impuesta por San Martín. El futuro Libertador no buscaba reunir únicamente buenos jinetes, sino formar una unidad disciplinada, capaz de maniobrar con precisión y combatir a caballo con sable, lanza y carabina. La conducta personal, el cuidado del equipo y la obediencia constituían partes inseparables de aquella formación.
Cabral ingresó como soldado y no existe ningún documento que pruebe que hubiera alcanzado otra jerarquía. Algunas narraciones posteriores le atribuyeron un rápido ascenso a cabo y luego a sargento, pero el breve tiempo transcurrido entre su llegada a Buenos Aires y su muerte, sumado al silencio de los registros militares, vuelve improbable esa versión.
¿Hablaba español o guaraní?
La posibilidad de que Cabral conociera el guaraní resulta verosímil. A comienzos del siglo XIX, esa lengua tenía una fuerte presencia en Corrientes y las Misiones, incluso entre personas que no pertenecían a los pueblos originarios. San Martín incorporó numerosos hombres procedentes de ambas regiones, varios de los cuales debieron de utilizarla cotidianamente.
Sin embargo, no existe ninguna prueba de que Cabral desconociera el español. Había crecido dentro de una estancia correntina, fue reclutado por autoridades provinciales y recibió instrucción en una unidad cuyos mandos impartían las órdenes en castellano. La interpretación más razonable es que podía comunicarse en español y que probablemente también comprendía o hablaba guaraní.
La discusión adquirió importancia por la frase atribuida al granadero antes de morir. Si la pronunció en guaraní, alguien debió traducirla, porque no existen pruebas firmes de que San Martín dominara esa lengua. También pudo expresarse en castellano, repetir sus palabras ante diferentes personas o utilizar el habla bilingüe característica de su región.
Su ascendencia africana tampoco contradice el posible conocimiento del guaraní. El idioma atravesaba distintos sectores de la sociedad correntina y no estaba limitado a una única pertenencia étnica. Cabral pudo ser afrodescendiente, haber crecido en un ambiente cultural guaranítico y manejar ambas lenguas.
El combate que duró apenas unos minutos
Durante la madrugada del 3 de febrero de 1813, los Granaderos permanecieron ocultos detrás de los muros del convento de San Carlos. Las tropas realistas, procedentes de Montevideo, habían desembarcado desde los buques que remontaban el Paraná para abastecerse y hostigar las poblaciones de sus costas.
San Martín contaba con alrededor de 120 granaderos y decidió dividirlos en dos columnas para atacar simultáneamente los flancos enemigos. Cuando los realistas se encontraron a la distancia prevista, las puertas del convento se abrieron y los jinetes cargaron sable en mano.
El enfrentamiento fue breve, confuso y extremadamente violento. En medio del choque, el caballo de San Martín cayó y aprisionó una de sus piernas. El jefe del Regimiento quedó inmovilizado y expuesto al ataque de los adversarios.
Según la reconstrucción tradicional, Juan Bautista Baigorria enfrentó con su lanza a uno de los realistas que amenazaban al coronel, mientras Cabral desmontó para liberarlo del peso del animal. La intervención de Baigorria fue quedando relegada a medida que el relato escolar concentró todo el rescate en el granadero correntino.
No hay razones para presentar las acciones de ambos como versiones incompatibles. En una lucha cuerpo a cuerpo, el salvamento pudo requerir que uno contuviera a los atacantes mientras el otro intentaba retirar a San Martín. La escena, convertida luego en una imagen individual de sacrificio, probablemente haya sido el resultado del valor compartido por varios hombres.
Cabral recibió dos heridas que le atravesaron el cuerpo. Las fuentes no permiten determinar con certeza si fueron causadas por balas, bayonetas o ambas armas. Tras la victoria fue conducido al convento, transformado en un improvisado hospital de sangre, donde murió pocas horas después.
El silencio del primer parte
San Martín redactó el parte de la victoria el mismo 3 de febrero. Informó que los realistas habían dejado cuarenta muertos, catorce prisioneros, dos cañones, cuarenta fusiles, cuatro bayonetas y una bandera. De su parte, comunicó la pérdida inicial de seis muertos y veinte heridos.
El documento mencionaba al capitán Justo Germán Bermúdez y al teniente Manuel Díaz Vélez, ambos gravemente heridos, pero no incluía el nombre de Cabral ni relataba el episodio en el que el coronel había quedado atrapado debajo de su caballo.
Ese silencio alimentó la sospecha de que el granadero pudo haber sido incorporado posteriormente al relato. Sin embargo, el parte tenía como finalidad comunicar el resultado militar de la acción. San Martín individualizó a los oficiales por su responsabilidad de mando, mientras que las bajas de tropa fueron consignadas de manera conjunta. Además, varios heridos murieron en los días posteriores y, por lo tanto, no aparecían necesariamente entre los seis fallecidos informados al concluir el combate.
Tampoco era indispensable que el jefe relatara en aquel documento la situación de vulnerabilidad en la que había quedado. La caída de su caballo y el auxilio recibido no modificaban el resultado táctico ni constituían datos necesarios para informar la victoria.
La ausencia de Cabral en el primer parte abre un interrogante legítimo, pero no permite negar su existencia. La prueba decisiva aparecería en una comunicación redactada pocas semanas después.
El oficio que lo devuelve a la historia
El 27 de febrero de 1813, San Martín envió al Gobierno una relación de los miembros del Regimiento muertos en la acción o como consecuencia de sus heridas. Su propósito era conseguir protección económica para las familias que habían quedado desamparadas.
En ese oficio recomendó especialmente a la viuda del capitán Bermúdez y a la familia del “granadero Juan Bautista Cabral, natural de Corrientes”. Agregó que había recibido dos heridas que le atravesaron el cuerpo y que falleció pocas horas después.
El documento confirma que Cabral fue una persona real, que integró el Regimiento de Granaderos a Caballo, que procedía de Corrientes y que murió por las heridas sufridas en San Lorenzo. También demuestra que San Martín conocía su sacrificio y procuró que su familia recibiera asistencia.
El 6 de marzo, el Gobierno dispuso colocar en el cuartel de Granaderos un monumento que perpetuara su memoria y ordenó publicar el oficio en la Gazeta Ministerial. La presencia de Cabral en una comunicación firmada por San Martín veinticuatro días después del combate descarta la hipótesis de una figura inventada décadas más tarde.
Lo que ese documento no relata es la forma exacta en que ayudó a su jefe. La intervención de Cabral en el rescate surge de testimonios y reconstrucciones posteriores, aceptadas por la tradición sanmartiniana, pero resulta difícil reproducir con precisión cada movimiento ocurrido durante aquellos minutos.
Las últimas palabras
En el oficio del 27 de febrero, San Martín afirmó que, a pesar de tener el cuerpo atravesado por dos heridas, a Cabral no se le habían escuchado otros lamentos que “¡Viva la Patria! Muero contento por haber batido a los enemigos”. Según el coronel, continuó repitiendo aquellas palabras hasta su muerte.
La expresión no coincide exactamente con la versión difundida por los manuales escolares: “Muero contento; hemos batido al enemigo”. Con el transcurso del tiempo, la frase fue abreviada y adquirió la forma precisa con la que quedó grabada en la memoria colectiva.
No sabemos si San Martín la escuchó personalmente o si la conoció por los granaderos, religiosos y asistentes que permanecieron junto al herido. Tampoco es posible asegurar que reprodujera cada palabra de manera literal. En un hospital de sangre no había escribanos registrando las expresiones de quienes agonizaban.
Sin embargo, su contenido esencial no fue una creación tardía de Bartolomé Mitre. Ya estaba presente en un documento de febrero de 1813 y fue publicado por la prensa oficial pocas semanas después. La tradición pudo modificar su forma, pero no inventó completamente su existencia.
El sargento que murió como soldado
La contradicción más evidente se encuentra en su grado militar. Los argentinos lo conocen como el “sargento Cabral”, aunque la documentación disponible lo identifica como recluta, soldado o granadero. No se conserva una resolución que lo haya ascendido durante su servicio.
Tampoco existe constancia de un ascenso póstumo otorgado por San Martín o por el Gobierno. La disposición del 6 de marzo honró su memoria, pero no le concedió una nueva jerarquía. La placa colocada en el cuartel lo recordaba de manera inequívoca como “el soldado Juan Bautista Cabral”.
Una explicación vincula el origen de la confusión con la ceremonia establecida para mantenerlo presente en su compañía. Cuando se pronunciaba su nombre durante la lista de la tarde, el sargento más antiguo respondía en su lugar: “Murió en el campo del honor, pero existe en nuestros corazones”. Con el paso de las generaciones, el grado de quien contestaba pudo quedar unido al nombre del homenajeado.
La tradición popular realizó después su propio ascenso. Las escuelas, las calles, las canciones y los monumentos comenzaron a llamarlo sargento hasta transformar esa denominación en una verdad aceptada. Resulta significativo que Carlos Javier Benielli, al escribir en 1907 la letra de la Marcha de San Lorenzo, evitara el grado discutido y lo definiera con exactitud como “Cabral, soldado heroico”.
En 2025 se presentó en la Cámara de Diputados un proyecto destinado a concederle, con carácter simbólico, honorario y póstumo, la jerarquía de sargento. La iniciativa reconocía implícitamente que aquel ascenso nunca había sido formalizado.
Nada de esto reduce su grandeza. El heroísmo no depende de los galones colocados sobre un uniforme. Cabral ocupaba uno de los lugares más modestos dentro de la estructura militar y, aun así, su conducta lo convirtió en uno de los nombres más recordados del Regimiento.
El regreso de unos restos imposibles de identificar
Los granaderos muertos en San Lorenzo fueron sepultados junto al convento de San Carlos. No recibieron tumbas individuales que permitieran preservar sus identidades. Con el transcurso del tiempo, sus huesos fueron reunidos en un osario común.
Durante décadas, Saladas reclamó el regreso de Cabral a su tierra natal. El pedido poseía un profundo valor afectivo: el pueblo correntino deseaba recibir al joven que había partido en noviembre de 1812 y nunca había vuelto.
El 2 de agosto de 2025 se trasladó una urna desde San Lorenzo hasta Saladas, donde fue recibida con honores. Las ceremonias oficiales la presentaron como portadora de los restos de Juan Bautista Cabral, aunque su procedencia colectiva impide realizar esa afirmación en sentido estricto.
No existe documentación que permita distinguir sus huesos de los pertenecientes a los demás caídos. Tampoco se cuenta con una identificación genética que pueda resolver el problema. Lo trasladado fue una parte del osario que preservaba los restos comunes de los granaderos enterrados después del combate. Entre ellos podían encontrarse los de Cabral, pero resultaba imposible reconocerlos individualmente.
Esa incertidumbre no despoja a la ceremonia de su significado. La urna representa a Cabral y, al mismo tiempo, a sus compañeros. El soldado regresó simbólicamente acompañado por aquellos con quienes había marchado, combatido y muerto.
Una verdad más grande que la leyenda
La figura de Cabral fue engrandecida por Bartolomé Mitre, la enseñanza escolar, las ceremonias militares y la Marcha de San Lorenzo. El soldado se transformó en sargento, sus últimas palabras adquirieron la perfección de una sentencia y una acción probablemente compartida con Baigorria terminó concentrada en un solo protagonista.
Esas modificaciones no convierten su historia en una mentira. Los documentos de 1813 conservan su nombre, su procedencia, su pertenencia al Regimiento, las heridas recibidas y la preocupación de San Martín por su familia. La leyenda no creó a Cabral; construyó una imagen más sencilla y poderosa alrededor de un hombre cuya vida conocemos apenas de manera fragmentaria.
Podemos discutir en qué idioma habló, si sus palabras fueron reproducidas con exactitud, cómo consiguió liberar a San Martín o cuánto tiempo sobrevivió. También podemos reconocer que murió como soldado y que sus huesos no pueden distinguirse dentro de una sepultura colectiva. Ninguna de esas dudas altera el núcleo de su historia.
El verdadero Cabral quizá resulte más admirable que el personaje de bronce. Era un joven afrodescendiente procedente de una sociedad atravesada por la esclavitud, había llegado a Buenos Aires pocos meses antes y ocupaba el escalón más bajo del Regimiento.
Cuando vio a su jefe caído, no podía saber que San Martín cruzaría los Andes, liberaría Chile y entraría en Lima. Tampoco podía imaginar que su nombre sería repetido durante más de dos siglos. En aquel instante solamente vio a un hombre atrapado en medio del combate y decidió acudir en su ayuda.
La historia lo ascendió, modificó sus palabras, modeló su imagen y quiso recuperar sus restos. Cabral no necesitaba nada de eso para alcanzar la grandeza. Se hizo inmortal cuando todavía era simplemente un soldado y eligió arriesgar su vida para salvar la de otro hombre.
Bibliografía
Fonsalido, M. E. (2022). El gran capitán caído: mito, historia e ideología en las representaciones de Juan Bautista Cabral. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, 49(1), 127-154.
Haas, P. P. (2004). Cabral, soldado heroico. Edivérn.
Instituto Nacional Sanmartiniano. (s. f.). Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana, de Bartolomé Mitre: El combate de San Lorenzo. https://sanmartiniano.cultura.gob.ar/noticia/historia-de-san-martin-y-de-la-emancipacion-sudamericana-de-bartolome-mitre-capitulo-4-el-combate-de-san-lorenzo-1813-1814/
Mitre, B. (1887). Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana. Félix Lajouane.
Municipalidad de Saladas. (s. f.). Sargento Cabral.
San Martín, J. de. (1813, 3 de febrero). Parte oficial del combate de San Lorenzo.
San Martín, J. de. (1813, 27 de febrero). Oficio al Supremo Poder Ejecutivo sobre las familias de los muertos en San Lorenzo. Gazeta Ministerial del Gobierno de Buenos Aires.
Senado de la Nación Argentina. (2025, 2 de agosto). Traslado de los restos del sargento Cabral a la localidad de Saladas.
Sturtz, N. (2026, 18 de agosto). La historia desconocida de Juan Bautista Cabral, el héroe afrodescendiente que salvó a San Martín. Infobae. https://www.infobae.com/historia/2026/08/18/la-historia-desconocida-de-juan-bautista-cabral-el-heroe-afrodescendiente-que-salvo-a-san-martin/




Comentarios