LA LECCIÓN DE ORMUZ
- Roberto Arnaiz
- hace 4 minutos
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Por qué la Argentina debe despertar en el Atlántico Sur
Hay espacios cuya importancia permanece oculta mientras todo funciona con normalidad. Los buques navegan, las mercaderías llegan a destino y los gobiernos postergan las inversiones necesarias para proteger las rutas. Pero cuando aparece una crisis, la geografía recupera su protagonismo y obliga al mundo a mirar aquello que había preferido ignorar.
Eso ocurrió en el estrecho de Ormuz. La guerra con Irán y los ataques contra la navegación demostraron que una franja de agua relativamente pequeña puede afectar el abastecimiento energético, alterar los precios y condicionar las decisiones políticas y militares de las principales potencias.
La Argentina debe estudiar esa experiencia, no porque el Atlántico Sur sea geográficamente comparable con Ormuz, sino porque la crisis dejó una enseñanza universal: los espacios estratégicos deben ser conocidos, ocupados y protegidos antes de que llegue la emergencia.
Cuando una ruta condiciona al mundo
El estrecho de Ormuz comunica el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el océano Índico. Durante 2024 circularon por allí alrededor de veinte millones de barriles diarios de petróleo, equivalentes a cerca del 20 % del consumo mundial de combustibles líquidos. También atravesó sus aguas aproximadamente una quinta parte del comercio internacional de gas natural licuado.
La magnitud de esos movimientos lo convierte en uno de los principales puntos críticos del comercio mundial. Buena parte de las exportaciones energéticas de los países del golfo Pérsico depende de esa salida.
La guerra y los ataques contra los buques revelaron la fragilidad de aquella arteria. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos, el movimiento de petróleo y derivados cayó desde 21,6 millones de barriles diarios durante el último trimestre de 2025 hasta 4,9 millones en el segundo trimestre de 2026.
Las consecuencias atravesaron rápidamente las fronteras de Medio Oriente. El encarecimiento de la energía alcanzó al transporte, la producción y los precios internos de numerosos países. Una crisis localizada se convirtió en un problema mundial.
La experiencia demostró que la libertad de navegación no se preserva únicamente mediante acuerdos o declaraciones. También necesita puertos, bases, inteligencia, medios navales y aéreos, sistemas de vigilancia y una estructura logística preparada para responder.
Ninguna de esas capacidades puede improvisarse cuando el conflicto ya ha comenzado.
Una enseñanza estratégica, no una comparación geográfica
No existe una equivalencia entre Ormuz y el extremo austral americano. Ormuz es un estrecho por el que circula una parte sustancial de la energía mundial. En el sur, la comunicación entre el Atlántico y el Pacífico puede realizarse por diferentes vías.
Los buques pueden atravesar el estrecho de Magallanes o navegar por las aguas abiertas situadas al sur del cabo de Hornos, a través del pasaje de Drake. El canal Beagle completa este escenario como una vía de importancia regional vinculada con Tierra del Fuego, aunque no representa una alternativa equivalente para el gran tráfico oceánico.
Por lo tanto, no corresponde comparar un paso determinado con una extensa región integrada por rutas, islas, puertos y espacios marítimos. La relación entre ambos escenarios reside exclusivamente en la enseñanza que deja la crisis.
Mientras la navegación se desarrolla sin dificultades, muchas posiciones estratégicas parecen secundarias. Cuando la seguridad se deteriora, adquieren relevancia los países que poseen infraestructura, medios de vigilancia, capacidad logística y presencia efectiva.
La pregunta no es si el Atlántico Sur se convertirá en “otro Ormuz”, sino si la Argentina estará preparada cuando una crisis internacional aumente el valor de sus rutas, puertos, islas y recursos.
El espacio austral que debemos comprender
El Atlántico Sur no puede analizarse como una suma de elementos aislados. Tierra del Fuego, los pasos bioceánicos, las Malvinas, las Georgias del Sur, las Sandwich del Sur y la proyección hacia la Antártida integran una misma realidad estratégica.
Para describir ese conjunto podemos utilizar la expresión Complejo Estratégico Austral. No es una denominación geográfica o jurídica oficial, sino un concepto de análisis que permite comprender la relación entre rutas marítimas, posiciones insulares, recursos naturales, puertos e instalaciones logísticas.
El estrecho de Magallanes se encuentra bajo soberanía chilena. El Tratado de Límites de 1881 estableció su neutralización perpetua y aseguró la libre navegación para todas las banderas. La Argentina, por su parte, posee una posición determinante sobre el Atlántico Sur y el acceso oriental a la región.
El desafío nacional no consiste en pretender controlar el estrecho ni en competir con Chile. Ambos países deberían profundizar su cooperación en seguridad marítima, búsqueda y rescate, protección ambiental, investigación científica y logística antártica.
La cuestión fundamental es determinar si la Argentina posee los medios necesarios para vigilar sus espacios marítimos, proteger sus recursos y responder ante una modificación imprevista del escenario internacional.
Malvinas: la posición que no puede faltar
Las Malvinas no forman parte física de los pasos bioceánicos ni permiten cerrar por sí solas la navegación entre el Atlántico y el Pacífico. Sin embargo, su ubicación les otorga un valor extraordinario sobre el flanco oriental del espacio austral.
Desde las islas pueden desarrollarse tareas de vigilancia marítima y aérea, brindar apoyo logístico a unidades navales y proyectar capacidades hacia las Georgias del Sur, las Sandwich del Sur y la Antártida.
Su importancia también se relaciona con los recursos pesqueros y energéticos de las aguas circundantes. La base británica de Monte Agradable confirma que el Reino Unido no considera al archipiélago como una posesión distante y carente de valor, sino como una plataforma desde la cual sostener su presencia militar en el hemisferio sur.
Por esa razón, cualquier análisis argentino sobre el Atlántico Sur que excluya a las Malvinas será necesariamente incompleto. Las islas no constituyen un paso obligado, pero representan una posición avanzada desde la cual puede observarse y apoyarse una parte sustancial de la actividad regional.
Trump y la tensión con el Reino Unido
La crisis en Medio Oriente produjo una consecuencia inesperada para la cuestión Malvinas. Donald Trump expresó su disgusto por la falta de apoyo británico a las operaciones estadounidenses contra Irán y puso en duda que Washington debiera respaldar automáticamente a Londres ante una eventual crisis en las islas.
El 31 de agosto de 2026 confirmó que su gobierno estaba revisando la posición estadounidense. Sin embargo, no adelantó cuál sería el resultado ni anunció un reconocimiento de la soberanía argentina.
Las palabras de Trump abren una posibilidad diplomática, pero deben interpretarse con prudencia. En 1982, Estados Unidos comenzó proclamando su neutralidad y terminó proporcionando al Reino Unido apoyo político, logístico y de inteligencia.
La posición actual tampoco parece originarse en una adhesión profunda a los argumentos argentinos. Puede responder a la voluntad de Trump de presionar al gobierno británico por sus diferencias respecto de Irán y por la distribución de las responsabilidades militares entre los aliados occidentales.
La Argentina debe aprovechar cualquier circunstancia favorable, pero sin confundir una tensión coyuntural entre Washington y Londres con una ruptura definitiva de sus vínculos históricos.
Los gobiernos cambian y las coincidencias pueden desaparecer. Los intereses estratégicos nacionales, en cambio, permanecen.
Las medidas anunciadas por Milei
Las declaraciones de Trump permitieron a Javier Milei colocar la cuestión Malvinas en un lugar destacado de la relación con Estados Unidos. El desafío consiste en transformar esa cercanía política en resultados concretos para la posición argentina.
En su mensaje del 3 de septiembre, Milei calificó el avance del proyecto petrolero Sea Lion como un peligro para los recursos nacionales y anunció un conjunto de medidas destinadas a responder a las actividades hidrocarburíferas no autorizadas en las aguas circundantes a las islas.
Entre ellas incluyó una nueva reglamentación del régimen sancionatorio, modificaciones de la Ley 26.659, el envío al Congreso de un proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, la creación de un Consejo de Seguridad Nacional y el fortalecimiento de los recursos destinados a la defensa.
Estas decisiones pueden reforzar la respuesta jurídica, económica y diplomática frente a las empresas que desarrollen actividades sin autorización argentina. Sin embargo, su verdadera eficacia dependerá del contenido definitivo de las normas, de su aplicación y de la continuidad de la política a través del tiempo.
La defensa jurídica de los recursos es indispensable, pero no sustituye la presencia en el terreno. Las sanciones pueden dificultar una explotación considerada ilegítima; no reemplazan a los buques, radares, puertos, aeródromos y sistemas de inteligencia necesarios para vigilar el Atlántico Sur.
La presencia que la Argentina necesita
La experiencia internacional demuestra que una nación no puede comenzar a prepararse cuando la crisis ya ha estallado. En ese momento, los puertos deberían estar terminados, los radares en funcionamiento, los buques operativos y las fuerzas adiestradas.
La Argentina necesita completar la Base Naval Integrada de Ushuaia y convertirla en un verdadero centro logístico nacional hacia la Antártida. También debe fortalecer Río Grande, Río Gallegos, Puerto Deseado, Comodoro Rivadavia y los restantes puntos capaces de conformar una red austral permanente.
Esa política debería contemplar:
vigilancia satelital, aérea, naval y submarina;
radares costeros y sistemas no tripulados;
patrullaje de la Zona Económica Exclusiva;
infraestructura portuaria y capacidad de reparación naval;
protección de los recursos pesqueros y energéticos;
investigación oceanográfica, meteorológica y antártica;
comunicaciones seguras e inteligencia marítima;
fortalecimiento de la Armada y la Prefectura Naval;
recuperación de una marina mercante con capacidad austral;
cooperación estratégica con Chile;
continuidad presupuestaria más allá de los cambios de gobierno.
No se trata de militarizar una región pacífica ni de impulsar una aventura bélica. Se trata de disponer de los medios necesarios para conocer lo que sucede, asistir a la navegación, proteger los intereses nacionales y responder ante una emergencia.
La cooperación con Estados Unidos puede aportar financiamiento, tecnología, capacitación e interoperabilidad. No obstante, cualquier instalación situada en territorio nacional debe permanecer bajo mando y control argentinos.
Una base argentina que coopera con países aliados no es lo mismo que una base extranjera. La asistencia de otra nación puede complementar nuestras capacidades, pero nunca debe reemplazar el ejercicio de la soberanía.
Llegar antes de la crisis
Ormuz no constituye un modelo geográfico para interpretar el Atlántico Sur. Es una advertencia acerca de lo que sucede cuando un espacio estratégico adquiere repentinamente importancia mundial y las decisiones deben tomarse bajo la presión de los acontecimientos.
La coyuntura abierta por Trump ofrece una oportunidad diplomática. Las medidas anunciadas por Milei pueden fortalecer la defensa de los recursos argentinos. Pero ninguna declaración extranjera ni una legislación aislada compensarán la falta de infraestructura, medios y continuidad estratégica.
La geografía le concedió a la Argentina una posición excepcional. Convertir esa ventaja en poder dependerá de nuestra capacidad para poblarla, conocerla, desarrollarla y protegerla.
Las Malvinas ocupan un lugar central dentro de esa responsabilidad. No porque permitan bloquear las rutas entre los océanos, sino porque constituyen una posición estratégica desde la cual el Reino Unido sostiene su presencia sobre el Atlántico Sur y proyecta sus intereses hacia la Antártida.
Ormuz ya mostró el precio de comprender demasiado tarde la importancia de una ruta marítima.
El Atlántico Sur todavía nos ofrece la oportunidad de anticiparnos.
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Referencias
Administración de Información Energética de Estados Unidos. (2025, 16 de junio). Amid regional conflict, the Strait of Hormuz remains critical oil chokepoint. U.S. Energy Information Administration.
Administración de Información Energética de Estados Unidos. (2026). Short-Term Energy Outlook: Global oil markets. U.S. Energy Information Administration.
Argentina y Chile. (1881). Tratado de Límites entre la República Argentina y la República de Chile. Artículo V. Normativa nacional argentina.
Associated Press. (2026, 3 de septiembre). Trump raises doubts over support for Britain in Falklands dispute with Argentina. Associated Press.
Reuters. (2026, 24 de abril). What to know about the Falkland Islands as U.S. considers reassessing position. Reuters.
Reuters. (2026, 31 de agosto). Trump says he is reviewing U.S. position on Falkland Islands. Reuters.
TN. (2026, 3 de septiembre). Los cinco anuncios que hizo Javier Milei en cadena nacional sobre Malvinas. TN.




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