MARÍA NOEL DE CASTRO CAMPOS, La primer mujer astronauta argentina
- Roberto Arnaiz
- 11 dic 2025
- 2 Min. de lectura
En Cafayate, donde vive el sol y el viento raspa los cerros y la noche cae como un telón de terciopelo negro, una niña se acostaba sobre la tierra tibia a mirar el cielo. Esa niña se llamaba María Noel de Castro Campos, y mientras el resto del mundo veía apenas un puñado de estrellas, ella veía puertas. Portales. Misterios. Caminos que nadie había trazado aún.
Ahí empezó todo. Entre grillos, silencio y un firmamento tan vasto que dolía. Y quizás en ese dolor hermoso —el de comprender la pequeñez humana frente al infinito— nació su destino: no mirar el cielo, sino alcanzarlo.
Hoy, María Noel está a punto de convertirse en la primera astronauta argentina, seleccionada para viajar al espacio no antes de 2027, rumbo a la Estación Espacial Internacional, en una misión organizada por Axiom Space. Una salteña, hija de montañas y horizontes, llevando la bandera celeste y blanca más allá de la atmósfera. Más allá de todo.
Su historia no es la de un camino recto. Es la de una chica que eligió estudiar Física cuando los demás le sugerían “algo más normal”. La de una joven que se internó en la Ingeniería Biomédica porque quería unir ciencia y humanidad; que dejó su casa, su familia, su acento salteño, para cruzar fronteras siguiendo un sueño que parecía demasiado grande para una sola persona.
Pero así son los soñadores verdaderos: exagerados, tercos, poéticos, obstinados.
Ingresó al Project PoSSUM, un programa vinculado a la NASA reservado para quienes no le temen al vértigo del conocimiento. Allí flotó en gravedad reducida, entrenó bajo el agua como si su cuerpo perteneciera a otro mundo, sintió la respiración propia convertirse en un sonido extraño dentro de un casco presurizado.
Y en cada una de esas pruebas, la niña de Cafayate seguía ahí adentro, apuntando al cielo con los ojos encendidos.
Ser astronauta es más que viajar: es romper con lo imposible. Es aceptar que una vida entera puede consumirse en intentarlo. María Noel lleva ese fuego. Ese pulso. Ese temblor que convierte la fragilidad humana en coraje.
Y sueña con Marte. Ese punto rojo, remoto, casi un espejismo. Para muchos, una locura. Para ella, un destino. No inmediato, no fácil, no seguro; pero posible. Porque todo lo que importa en esta vida es, justamente, lo que parece imposible.
María Noel de Castro Campos no es solo una candidata a astronauta. Es una respuesta. Un recordatorio feroz de que Argentina también nace en sus soñadores. Que la patria no termina en la cordillera ni en el océano: sigue hacia arriba, hacia lo desconocido.
Cuando ella cruce la atmósfera, cuando el cohete ruja y la Tierra se vuelva un círculo azul girando en silencio, miles de niñas y niños argentinos mirarán el cielo y pensarán: si ella pudo, yo también.
Y allí —en ese instante— nacerá otra revolución.
Una que empieza con una mirada al cielo… y no termina jamás.






Comentarios