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Orihuela la Armengola, Moros y Cristianos y el olvido de la mujer en la historia

 

En el corazón de Orihuela, donde el pasado respira a través de sus calles adoquinadas y los ecos de espadas chocando aún resuenan, hay una historia que espera ser contada. Pero entre todas sus historias de conquistas y reconciliaciones, hay una que se mantiene viva en los callejones antiguos y en los ecos olvidados de sus fiestas: la leyenda de La Armengola, una mujer cuya audacia desafió su tiempo y cuya memoria aún lucha por hacerse escuchar.


No es una historia que ocupe los salones de la fama ni inspire grandes estatuas o desfiles pomposos en su honor. Sin embargo, su relevancia trasciende, escondida entre los pliegues de un pasado que a menudo se resiste a reconocerla. Pero si le prestamos atención, la Armengola emerge como una mujer hecha de carne y nervio, de esas que los libros de historia prefieren relegar a las notas al pie. Y tal vez, ahí radica su verdadera fuerza.


Dicen que fue una criada, una mujer que servía a un gobernador musulmán cuando Orihuela estaba bajo el dominio del Islam. Pero su rol como "sirvienta" no debe confundirse con servidumbre de espíritu. Aquella mujer, cuyo nombre la historia decidió relegar, tenía una mirada aguda capaz de detectar oportunidades donde otros solo veían desesperación, y un corazón que latía con la determinación de quien sabe que su momento es único.


Cuando el infante Alfonso, futuro Alfonso X el Sabio, sitió Orihuela en 1242, la Armengola vio algo que nadie más se atrevía a ver: una salida.


En medio de noches cargadas de tensión, con el aroma de aceite quemado y cenizas flotando en el aire, la Armengola agudizaba su oído como quien empuña un arma invisible. Los pasos apresurados y las voces contenidas eran su mapa hacia la salvación de la ciudad. Escuchaba no por curiosidad, sino porque sabía que cada palabra podía ser la clave para salvar a su ciudad.


No como escuchan los curiosos, sino como lo hacen los astutos. Sus oídos recogieron los secretos de los pasillos donde los hombres discutían estrategia, y su mente, afilada como un estilete, supo qué hacer con esa información. Era una espía, pero también una estratega. Se dice que avisó al infante de los puntos débiles en las defensas de la ciudad, facilitando la entrada de las tropas cristianas. Algunos relatos hasta le atribuyen haber liderado incursiones nocturnas, cuchillo en mano, con un sigilo y valentía que habrían hecho temblar a los hombres más curtidos.


Y, sin embargo, ¿quién recuerda su nombre? ¿Por qué su historia no está entre las grandes epopeyas de la Reconquista, junto a los Alfonso o los Guzmán? ¿Es porque el mundo siempre ha tenido prisa en olvidar a las mujeres que cambiaron su curso?


Ahí está la ironía que grita desde las paredes de Orihuela. La Armengola, cuyo ingenio y audacia cambiaron el curso de una ciudad, está relegada a las leyendas que se cuentan entre susurros. Mientras los desfiles de Moros y Cristianos adornan las calles con su parafernalia espectacular, el papel de las mujeres como Armengola queda atrapado en la trastienda de la historia. Este es un eco del tema abordado en el artículo 'Moros, Cristianos y el Olvido de las Mujeres en la Historia', donde se cuestiona cómo las tradiciones perpetúan la invisibilidad de las mujeres en la narrativa histórica.


Visualiza a esa mujer, con ojos brillando como brasas bajo la tenue luz de una antorcha, agazapada tras una puerta entreabierta mientras el mundo conspiraba para callarla. Cada susurro que captaba era una hebra que tejía en su intrincado plan.


Imagínala en una noche donde las estrellas parecían testigos mudos, rodeada de campesinos y soldados que dudaban de su destino, pero no de su determinación. Sus palabras eran órdenes no porque gritara, sino porque llevaba la verdad del momento en su tono firme. Imagínala como una mujer que no solo desafía al enemigo, sino también a las expectativas.


La Armengola es una grieta en el monótono relato de la Reconquista, esa narración de reyes y santos varones que a menudo se olvida de las mujeres que cargaron piedras, prepararon veneno o, como ella, lideraron con el ingenio cuando no tenían espada.


Cuando las calles de Orihuela se llenen de música y desfiles, debería haber un instante para detenerse, para escuchar no solo el estruendo de los tambores, sino también el eco de aquellas voces que el tiempo quiso silenciar. Porque detrás del brillo está la sombra de quienes hicieron posible esa historia. Es en ese silencio donde se encuentran las historias más auténticas, las que esperan ser rescatadas.


Un momento para imaginar la historia completa, no solo la escrita por los vencedores. Un instante para imaginar a la Armengola no como una figura envuelta en la bruma de la leyenda, sino como una mujer de carne y hueso, con miedos y decisiones que cambiaron el curso de una ciudad. Tan temeraria como humana, tan olvidada como esencial.


Y quizás, algún día, su historia deje de ser un susurro entre leyendas para convertirse en una voz fuerte, reivindicada en la memoria colectiva como un símbolo de justicia histórica. Porque, al fin y al cabo, la memoria también es un campo de batalla, y Orihuela la Armengola merece vencer en él.


Este artículo nació gracias a la sugerencia de un lector, y para seguir fortaleciendo esta serie de relatos, además de destacar la importancia de incluir a las mujeres en las fiestas de Moros y Cristianos, te invito a ser parte de esta misión. ¿Conoces el nombre de alguna figura femenina cuya historia merezca ser rescatada? ¿A quién deberíamos dar voz en el próximo capítulo? ¡Comparte tus ideas y juntos sigamos reivindicando estas historias olvidadas que merecen brillar en la memoria colectiva!


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